Actualización: El librito, ya a la venta en Libro de Notas. :)
Hace casi un año recibí un email de un señor que se interesaba por mis cuentos. No le di demasiada importancia porque no soy buena recibiendo elogios, así que me limité a responderle de forma cordial. No podía sospechar que ese señor era Óscar Carrascosa, delegado del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, y que como me hizo saber en su segundo mensaje, tenía la intención de publicarme un libro.
Hace unos días presentamos en Málaga la versión en papel de estos cuentos mínimos, seleccionados entre todos los que han ido apareciendo por aquí durante los últimos tres o cuatro años. Es pequeñito y muy sobrio (a mí me gusta más decir que “elegante”), pero qué queréis que os diga, me ha hecho una ilusión enorme.
“Cuentos mínimos” es el número 6 de la colección Monosabio, dirigida por Diego Medina, y que cuenta con una enorme trayectoria de promoción de autores noveles (va por su tercera etapa) que luego han ido creciendo. Dicen que publicar en Monosabio es, sobre todo, un reto, y que si quiero estar a la altura yo también tengo que crecer. Veremos.
“Cuentos mínimos” está introducido, además, por un prólogo de mi amigo Alberto Haj-Saleh, que me parece que me quiere demasiado. Si vuelvo a publicar algo más, no creo que le quede nada bueno por decir.

Estamos viendo la posibilidad de gestionar la venta del libro a través de la librería de Libro de Notas. No tiene nada nuevo que no hayáis leído ya, ni yo me llevo un duro por ello, pero no queremos que se quede arrinconado en ningún almacén. La tirada es de 500 ejemplares, y el precio de 6 euritos.
Si hay alguna biblioteca o librería interesada por ahí, poneos en contacto conmigo para daros los datos de la distribuidora.
En cualquier caso, todo esto no es más que una excusa para daros las gracias a todos los que habéis alimentado este blog con vuestras visitas y comentarios, porque sin vosotros jamás me habrían encontrado, y este sueño (mínimo) jamás se habría convertido en realidad. :)
El director de la obra asegura que se trata de un espectáculo de rabiosa actualidad, capaz de aunar la magia de la representación en directo, la espontaneidad de la improvisación y el morbo de los espectáculos televisivos. Por un módico precio, los espectadores guardan cola entre bastidores y, de uno en uno o en parejas, pasan directamente al escenario donde pueden elegir entre actuar, cantar y bailar o incluso interpretar escenas reales como la vida misma, como a él le gusta decir: se confiesan amores y engaños, se reconcilian o se tiran los trastos, se pide perdón entre lágrimas y se llevan a cabo retorcidos planes de humillación y venganza. Todo ello frente a un público receptivo y entregado que, según la categoría de la entrada, al final te inunda de flores, se emociona, te vitorea, o sencillamente te aplaude.
Es un libro de esos con figuritas que al abrirlo se levantan y se mueven. Dentro apareces tú regalando por fin un ramo de flores a la chica que tanto te gusta, grapando a la mesa la corbata a rayas que lleva puesta tu jefe, y preparando un cocktail en la terraza de alguna playa tropical. Es fácil, te susurra una misteriosa voz al oído. Basta con que empujes esas solapitas de aquí y de allí y todo esto se convertirá en realidad. Y tú te dejas llevar sin pensarlo dos veces, y cuando te cansas de ser feliz en ese mundo de cartón, cierras el libro, pero a tu alrededor todo ha cambiado, y sólo hay flores que suben y bajan, animales que asoman la cabeza desde detrás, y una fuente de la que sale un chorro de agua de papel que nunca, nunca, te quita la sed.
Fuimos a buscar un abuelo nuevo, porque el que teníamos estaba ya muy viejito y no nos servía para nada. El primero que nos enseñaron era de muy buena calidad, elegante, perfecto para las fotos de familia y a juego con los muebles del salón, pero parecía bastante aburrido y salía un poquito caro. A mí me gustó el que contaba chistes verdes, lo que pasa es que traía diabetes y tenía mal aliento. También intentaron vendernos un par que, si te los llevabas juntos, te hacían descuento y te regalaban los bastones, pero no nos pareció práctico. Así que finalmente nos quedamos con éste, que viene con dentadura de recambio y sabe volar cometas.
Tiene los ojos tristes de su madre, la nariz griega de su padre, el mentón altivo de su abuela materna y las orejas pequeñas de un primo lejano del que nunca llegó a fiarse demasiado. Lo guarda todo en un cajoncito del salón, porque le gusta tenerlo siempre a mano cuando vienen las visitas y que ellos mismos puedan comprobar el asombroso parecido.