Publicado el Lunes 21 de Febrero de 2005
Basado en hechos reales (de ayer por la tarde).
Estación central de Colonia, Alemania. Diez vías o andenes multiplicados por cuatro, porque cada uno se divide en varias zonas en las que paran trenes diferentes. Una edificación enorme que lo cubre todo, que por si no ha quedado claro, repito: es grande, muy grande. Veinte… ¿qué digo? Cuarenta paneles informativos para consultar los horarios de salida de los trenes. Una sola gotera en el techo, encima de uno solo de los paneles. Para ser más exactos, encima del punto en el que uno se tiene que colocar para ver los trenes que salen entre las seis y las siete de la tarde. Desesperación por estar a punto de perder un tren en un país extranjero de cuyo idioma sólo se conoce la palabra “kartoffel”. Nieve que se derrite en el tejado de la estación y que se precipita en forma de agua helada por el único agujerito que hay, el de la gotera encima del panel informativo de las seis de la tarde. Cómo me puse. Eso sí, debo alegar en mi defensa que contaba con un elemento a mi favor: un chaquetón con capucha.
