Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor.

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas publicadas en Diciembre de 2006


Publicado el Domingo 24 de Diciembre de 2006

Belén humano.

En la guardería de mi primo Carlos, que aún no ha cumplido los dos años. Él hacía de angelito. A unos metros de distancia, una cesta llena de pan y otra con galletas a modo de ofrendas. En plena representación, y sin molestar, abandonaba su puesto, se acercaba sigiloso a la cesta del pan y cogía un trocito. Luego, sin que nadie tuviera que decirle nada, se volvía tranquilamente a su sitio a mordisquearlo despacito. Como si no hubiera pasado nada. Cuando se le acababa, iba a por más y punto.

FELIZ NAVIDAD A TODOS.
A ser felices y a hacer felices a los que tenéis cerca, que al fin y al cabo eso es de las pocas cosas que importan de verdad.
;)

Publicado el Lunes 18 de Diciembre de 2006

La ensalada (im)perfecta.

No puede tener ni más, ni menos, de los siguiente ingredientes (me la estoy jugando, lo sé, pero una es de gustos sencillos):

Lechuga muy muy picadita.
Tomate, también cortado en trozos muy pequeños.
Zanahoria.
Huevo duro.
Atún.
Queso (si es de varios tipos, mejor).
Jamón york.
Aceitunas sin hueso, o incluso rellenas de anchoa.
Su aliño y sus avíos, sin pasarse de sal ni de vinagre. Orégano opcional.

No sé cómo me las apaño, pero siempre se me olvida añadir uno de ellos y me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde, en la mesa.

Publicado el Lunes 11 de Diciembre de 2006

Viaje de vuelta.

Un trayecto de nueve horas en un vagón de tren lleno hasta los topes. Por todos lados, caras entre tristonas y melancólicas por vacaciones que se han pasado volando, por gente que se ha dejado atrás o por la pura y simple vuelta a la rutina diaria. Muchos duermen, incluido mi compañero de viaje. Me pongo los auriculares y trato de concentrarme en la película que echan, pues por una vez he tenido suerte y no es ni mala, ni repetida.

Siento un golpecito suave en mi brazo izquierdo y me giro. Desde el otro lado del pasillo, una señora muy vieja y muy sonriente extiende hacia mí un enorme bocata de salchichón, mientras me dice con voz muy dulce: “¿quieres un poquito?”

A punto he estado de levantarme y plantarle un beso tremendo en la mejilla.