Instantáneas.
Antes de que nadie lo pregunte: no, no he hecho fotos estos días. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Estás loca? ¿…? Son algunas de las respuestas de sorpresa que he obtenido hasta ahora… pero es la primera vez que lo hago en un viaje, y ha sido una decisión muy consciente. Llevaba, tan sólo, un bolígrafo y una libretita. Y me he vuelto cargada de cuentos.
Dejadme que os cuente, sin embargo, aquellos que no he escrito.
- El de la tienda de la “doctora de marionetas”, a la que le puedes llevar tus muñecos para que te los arregle.
- El del jardín de los enanos, con sus caras arrugadas, sus verrugas y sus jorobas (eran esculturas de piedra, claro).
- El de los peces dentro de un tanque de agua, todos inmóviles y con la mirada fija en la misma dirección: un lago enorme entre montañas apenas a diez metros de distancia.
- El de un grupo de hombres en una plaza, enfrascados a todas horas en el movimiento de las piezas de madera de un ajedrez gigante.
- El de los relojes de cuco con mil y una figuras maravillosas que bailaban y se movían al marcar las horas.
- El de una enorme biblioteca universitaria a oscuras en mitad de la noche.
No, no soy de las que piensan que una imagen vale SIEMPRE más que mil palabras.

Mayo 16th, 2007 at 17:34
Es más, alguien que es escritor por naturaleza (los hay de oficio) debe defender a muerte que una imagen NO vale más que mil palabras. Son dos formas distintas de contar cosas, pero ambas igual de valiosas.
A veces he pensado también en la idea de pasar de hacer fotos en algún que otro viaje. Me siento demasiado turista con la cámara colgada todo el día del cuello… Y odio ser un turista. Prefiero ser un viajero.
Mayo 17th, 2007 at 15:02
Realmente también son fotos…
(Nota: Yo sí soy turista, de viajera nada. Me paso la visita flipada mirando para los edificios como si fuese la primera vez que salgo de mi casa).
Mayo 17th, 2007 at 15:47
Un viaje dentro de otro. Primero vas al lugar y luego te das un paseo con la imaginación sobre lo que hay por allí. Me gusta.
:)
Mayo 17th, 2007 at 17:03
Hum… en realidad en mi caso no se trata de que me sienta turista o no. Como la Gata (por cierto, encantada de verte por aquí) no tengo problema en pasarme un viaje entero con la boca abierta de asombro ante todo lo que veo.
En este caso, se trataba más bien de que no quería que la cámara me ‘dominase’ a mí. Sabía que iba a ver cosas estupendas, pero creo que a veces, esos momentos de pararse, buscar el encuadre, esperar a que no pase nadie, ver si ha salido bien, etc., te hacen perder casi más tiempo que cualquier otra cosa. Ojo, me encanta la fotografía, pero no en cualquier momento, o por obligación.
Por ejemplo, odio esas reuniones de amigos en las que alguien empieza a sacar fotos y la siguiente media hora consiste en ir pasando la cámara de uno a otro para ver cómo han salido en una puñetera pantallita de tres pulgadas. ¿Tanta tecnología para esto? Ya habrá tiempo de verlas a todo color al día siguiente para recordar lo bien que estuvo aquello, ¿no?
Y es exactamente lo que dice Oyros: por primera vez, diría yo, el protagonista de este viaje no era sólo el lugar, sino nosotros, C. y yo: las cosas que nos pasaban en los sitios que visitábamos, las conversaciones que teníamos, los cuentos que escribíamos o que imaginábamos.
Al final los edificios terminan pareciéndose todos bastante en nuestra memoria. Los otros recuerdos… duran mucho más.
Mayo 18th, 2007 at 12:34
Cuando hablo de ser viajero en lugar de turista lo de “tirarse un viaje entero con la boca abierta de asombro ante todo lo que vea” entra en la definición, por supuesto. Me refiero a que no me gustan los viajes organizados, los lugares típicos con cientos de puestos de souvenirs, ir por la calle de la ciudad disfrazado de turista, ver todo a través de la lente de una cámara y esas cosas. Prefiero mezclarmen con la gente, ser parte activa de los países que visito; me encanta alquilar un coche cuando viajo, porque así puedo moverme con libertad a donde me apetezca. A veces, los lugares más encantadores no se encuentran en las guías de viaje.
Mayo 18th, 2007 at 16:59
Mi experiencia me dice que la mejor parte del viaje es cuando te pierdes, empiezas a dar vueltas y aparecen ante tus ojos tiendecitas y rincones únicos. La sensación de haberlos encontrado tú por azar o insistencia es maravillosa :)
Aún me sorprendo de cómo llegamos a aquella tetería turca que había montado un checo en Barcelona, en una callejuela lateral del barrio gótico. La música, el lugar y la forma de presentar el té era muy original.
Ay! Qué recuerdos! Quiero volver (otra vez) a Barcelona.
Mayo 20th, 2007 at 15:26
Verte allí, verte aqui, volver a verte. Me encanta :)