Pandora en el Congo, de Albert Sánchez Piñol (2005)

Pandora en el Congo.
Albert Sánchez Piñol.
2005. Suma de Letras. 423 páginas.
Novela.
Sinopsis:
Londres 1914. Thomas Thompson se gana la vida como negro de un famoso autor de novelas baratas. Un día recibe, a través de un abogado, el encargo más extraño de su vida: escribir la historia de Marcus Garvey, un hombre sobre el que pende una condena a muerte por el asesinato, en el corazón de África, de los dos hijos del duque de Craver.
Garvey le cuenta un relato turbador: el de su expedición al Congo en compañía de los jóvenes aristócratas, fruto podrido de la clase alta británica, en busca de oro y diamantes. Pero lo que encuentran en una selva infinita y alejada de toda civilización es la entrada a un mundo subterráneo, tan fascinante como aterrador.
La historia de Marcus Garvey se introduce en la vida de Thomson y termina por obsesionarlo hasta el punto de enamorarse de la misma y enigmática Amgam con la que Garvey vivió una pasión inolvidable en el corazón de la selva.
Un relato de una calidad y una tensión máximas, que lleva al lector de sorpresa en sorpresa, y con el que Albert Sánchez Piñol demuestra que es uno de los grandes narradores españoles.
Una apasionante novela, que bebe en fuentes como Conrad, Kipling o Lovecraft y que da un giro moderno y brillantísimo a la novela de aventuras.
Leído el 16/05/2007.
Una de esas novelas que, una vez empezadas, no puedes dejar de leer. Lástima que las últimas treinta páginas me hayan dejado un regusto amargo, teniendo en cuenta lo que me han gustado las primeras trescientas noventa. Durante un rato el estilo se me pareció un poco al del Auster biógrafo en libros como Leviatán. ¿Son imaginaciones mías?
***[Recomiendo a los que no hayan leído el libro que, si tienen pensado hacerlo, no lean a partir de aquí, por si acaso]***
A ver… la historia me ha fascinado. Hacía siglos que no leía una historia de aventuras como esta. Por otro lado, agradezco un estilo sencillo en un libro de cuatrocientas páginas, y aunque los medios para mantener la tensión a veces eran demasiado forzados (intercalar las dos historias en el punto más interesante “porque sí”), qué demonios: lo consigue.
Al principio hay un detalle que, echando la vista atrás, no me gusta del todo, y es la necesidad de interponer tantas figuras entre el protagonista y el Dr. Flagg. Por un lado me parece que esa pequeña historia engancha muy bien, porque resulta muy intrigante (la coincidencia de las muertes, el encuentro con el doctor…). Luego es verdad que la narración de Garvey es tan interesante que prácticamente nos hace olvidar la anterior, pero aún así me habría gustado que se hubiese cerrado de alguna forma.
Sin embargo, mi gran problema está en el final. No porque no me guste el giro que da todo (que me encanta), sino porque me parece demasiado brusco. La entrevista con “Modepá” me parece realmente inútil y desaprovechada (además es algo que me veía venir de una manera u otra). El encuentro con Garvey, demasiado brusco y sin sentido. El abogado, un amoral de narices. Y el protagonista tonto perdido, preguntando por Amgan hasta la última página. Y un detalle absurdo: cuando el irlandés empieza a cuestionar algunos de los detalles de la novela, ¿no podría haber aprovechado el autor para poner de manifiesto una incoherencia tan evidente como que Garvey sabe leer y escribir en algunos puntos y en otros no (pág. 240)? Aich, será mi vena friki lectora, pero cosas como esa se me quedan clavadas cual espinitas… O lo mismo no sabe leer en ningún momento y he malinterpretado algo, pero yo diría que al final se da por supuesto que sí. Sólo por el hecho de que el protagonista, al abrir la carta, espera que ésta venga de Marcus. O con la declaración jurada que él había firmado autoinculpándose.
Me da pena esta decepción final, pues ya digo que el libro me estaba encantando. Hasta el punto de que me he quedado despierta hasta las tres de la mañana para acabarlo, vamos. Pero bueno, reconozco que he hilado muy fino en mis críticas negativas.
Eso sí, si hay algo que no perdono a nadie (ni fuera ni dentro de un libro) es que hable de sí mismo en tercera persona, cual Julio César. ¡Qué coraje me da! :P Al principio, cada vez que leía “En aquél momento Tony Thomson hizo no sé qué”, me quedaba liadísima preguntándome “¿Tony qué? ¿Y qué pinta este aquí?”. Es una tontería, lo sé, pero cada uno tiene sus manías.
Se trata de un libro de Bookcrossing. Podéis leer más opiniones sobre él aquí.
