Jugar limpio.
Hoy me apetece hablar (y hacer apología absoluta) de la Trampa. No de la “mala’, que quita todo interés al juego y mata el espíritu lúdico, sino de la trampa bien hecha, la que se convierte en un juego por sí misma.
Hay jugadores tramposos cuyo único objetivo es ganar a toda costa. Son los que, en el momento en que más les conviene, se acogen a esa regla raspadita que nadie ha usado en toda la partida hasta ese momento. Los que “siempre” se han contado 12 en el parchís. Los que no llegan más allá de repartirse un par de billetes extra en el Monopoly o de barajar a su conveniencia las cartas en el Cinquillo. El mal tramposo sabe que va a ganar, pero lo único que consigue es desproveer al juego de toda emoción. No disfruta con su trampa, y por más que se diga a sí mismo lo contrario, siempre va a haber una pequeña espinita de remordimiento que le evitará vanagloriarse por completo de su victoria. Por otro lado, suele darse el caso de que los malos tramposos son, curiosamente, malos perdedores.
Pero una trampa bien hecha es puro ingenio, un divertimento. Es épica, un reto, una gesta que se convierte en un fin en sí misma. El buen tramposo es aquél que se olvida incluso de ganar el juego, el que a veces hasta sacrifica su propia victoria por algo que sabe que va a trascender mucho más allá de esa partida concreta y de esa reunión de amigos. Una buena trampa debe ser bien acogida, celebrada, incluso: gracias a ella el juego nunca llega a ser algo rutinario porque nadie, ni siquiera el propio tramposo, sabe lo que va a pasar. El purista de la trampa, por otro lado, no querrá pasar desapercibido. Sufrirá más que nadie hasta conseguir llevar a cabo su plan, pero en el fondo está deseando ser descubierto y que sus proezas salgan a la luz. La culminación de todos sus esfuerzos no llegará con la victoria, sino con la reacción de asombro, perplejidad o incomprensión de los demás cuando lo confiese todo.
Hay trampas célebres en mi memoria que jamás se borrarán, no importa el tiempo que pase. Como cuando T. cogió tranquilamente las cartas ocultas del Cluedo delante de TODOS los jugadores, las sacó, las leyó, las volvió a dejar en su sitio y NADIE se dio cuenta. O cuando, dirigiendo una partida de asesino, eliminé la carta del malo y dejé que todos los jugadores se acusaran entre ellos, desesperados por encontrar a un culpable que no existía (me moría por ver la cara que pondrían los dos últimos). También guardo buenos recuerdos de los pactos diplomáticos en el Risk, o de aquella vez que A. y J. pusieron en práctica el impuesto revolucionario en Los Descubridores de Catán.
Supongo que podría resumir todo lo que he escrito hasta ahora en un par de frases: Hay quien juegar para ganar. Yo juego, SIEMPRE, por jugar.

Junio 4th, 2007 at 8:51
Mmm, algo había llegado a mis orejas sobre esa partida de asesino.
Yo sería la persona idónea para ser engañada por un hábil tramposo, e incluso por un tramposo de pacotilla. No me entero de nada…
Junio 4th, 2007 at 15:08
¿Así que eres una tramposa? Hmmmmm Bueno es saberlo ;)
Alguna vez me he reído mucho una vez se ha descubierto la trampa, en especial cuando el tramposo se ve con los dedos pillados y tiene que empezar a improvisar…
Yo tampoco me entero nunca de nada. Gata, formemos el equipo de los pardillos.
Junio 4th, 2007 at 15:15
¡Qué va! ¡Qué va!
Soy una admiradora de la buena trampa, y punto. Este post era más bien un homenaje a T. (sobre todo), pero también al juego psicológico de C., de Fans y de J., que sí que comparto siempre que puedo.
Mi única trampa memorable fue aquella en la que dirigí la última ronda del asesino, en la que como he contado quité directamente la carta e iba yo matando a quien me parecía. Pero para eso tuve que contar con la complicidad de todos los que iban siendo eliminados, claro, que me veían hacer “cosas muy raras” y podrían haberme delatado (el hecho de que no lo hicieran demostró que aquello iba a ser grande… :P).
Esto… ¿para cuándo una partidilla de lo que sea?
Junio 4th, 2007 at 16:10
Estoy totalmente de acuerdo contigo, eso no es ser tramposo, sino astuto, vivaz, es un arte. Es la emoción de ser quien controla la situación y de ver la cara q se les keda cuando se dan cuenta de q han caido de lleno en la trampa.
Eso me recuerda a cuado de niño jugaba a pillar de noche en mi casita con mis primos…cuando yo era el q pillaba en vez de salir corriendo detras de la gente me escondía y aparecia por detras de alguna de mis primas y les decía en voz baja….”Pillada…” daban unos saltos enormes del susto juasjuas, y además era mucho más sutil emocionante y divertido….y no sudaba :P.
Junio 4th, 2007 at 20:37
Las trampas… poca gente me he encontrado que haya intentado hacerme una trampa sutil de las que tú hablas o mi memoria las ha olvidado. Me encanta que me manipulen en una partida de rol y me lleven por donde sea, pero no que me mangoneen rastraremante. ¿Recuerdas, Ícaro, aquel atraco durante aquel torneo de trivial? “El nombre no se pronuncia ‘Ulrich’, sino ‘Ulrik’. Estáis eliminados”. o_O
Junio 4th, 2007 at 20:55
Oyros, esa es de las trampas malas, malas. Como cuando uno la tomó conmigo en el Tabú y pitó porque yo había dicho ‘campo’ y en la tarjetita ponía ‘bosque’… y ya que no se podían decir palabras derivadas (yo le había pitado antes a él por ese motivo), el se empeñó en decir que sinónimas tampoco, porque eran lo mismo. Esto… por más que le pregunté cómo se jugaba a ese juego de otro modo no fue capaz de contestarme. :P
Pero ahora que lo pienso, lo tuyo me acaba de traer a la memoria la partida más bochornosa de Trivial de mi vida. Íbamos ganando (limpiamente), y la última prueba era acertar cuatro respuestas de seis en la casilla central. Llevábamos tres aciertos y dos que no íbamos a acertar ni de lejos… pero quedaba la de “espectáculo”, que según el que leía decía así:
“¿Cuál fue la obra maestra de Su Majestad Einstein?”
Por más vueltas que le dábamos no entendíamos de qué iba aquello. Pedimos que nos releyeran por lo menos 10 veces (e incluso que nos dejaran verla, pero se negaban), y finalmente nos rendimos de impotencia. La respuesta era “El acorazado Potemkim”. Me quedé básicamente, así: O_O
Cogí rápidamente la tarjeta. Lo que preguntaba era por la obra maestra de S. M. Eisenstein. Una película que hemos visto y de la que nos han hablado por lo menos veinte veces a lo largo de la carrera.
Por supuesto, se negaron a aceptar derrota alguna, pero es que además ni siquiera quisieron repetirnos la prueba…
Junio 5th, 2007 at 9:13
Eso es de ser un “·$&”$%& tramposo. Son el tipo de cosas que, si ganas, hace que la siguiente partida vayas con suspicacias desde el principio y, si pierdes, tengas ganas de hacer cosas malas con sus intestinos :P
Junio 5th, 2007 at 9:13
Quien dice malas, habla de practicar nudos marineros…
Junio 5th, 2007 at 11:07
Yo soy incapaz de hacer trampas. Me gusta perder limpiamente…
Junio 5th, 2007 at 13:35
[…] limpio “Pero una trampa bien hecha es puro ingenio, un divertimento. Es épica, un reto, una gesta que se convierte en un fin en sí misma. El buen tramposo es aquél […]
Junio 7th, 2007 at 12:08
Es curioso, hará un par de días que vi “La Huella”. Qué par de tramposos tan elegantes… :-)
Junio 8th, 2007 at 10:57
Para tramposos elegantes, permítanme la licencia, pero me voy a los clásicos: El Golpe.
La trampa elegante no es hacer lo que quieres, sino que los que están a tu alrededor hagan lo que tú quieres que hagan pensando que ha sido idea suya.
Junio 9th, 2007 at 0:15
Juas, pues yo no voy a jugar nunca más a Catán por vuestra culpa, que una cosa es la trampa y otra son los acuerdos a cara descubierta… ¡Eso no fue trampa, eso fue poca vergüenza!
No recuerdo ninguna trampa memorable, porque mi madre es tan fullera que lo hace todo sin recato alguno: cuando jugamos al Pictionary, escribe la palabra en una esquinita del papel y te la subraya si no la ves a la primera xD
Junio 11th, 2007 at 0:03
Señor Otis, qué alegría verle a usted por aquí. Ya me había dado yo por olvidada. “La huella” la tengo pendiente desde hace tiempo, pero me tomo su comentario como una recomendación para verla pronto. Saludos a su señora, por cierto. :)
Coincido con Oyros, en cuanto a ‘El golpe’. Es de esas pelis que necesito volver a ver cada cierto tiempo, porque me hacen inmensamente feliz.
Carbo, mujer, tómatelo con más condescendencia que no me digas que no tuvieron su punto. Pero bueno, si no puede ser Catán, tendrá que ser otro Pictionary de los nuestros. ¿Sabes de algún rival que se atreva con nosotras? :P
Junio 12th, 2007 at 13:58
Grande el Golpe… y a todo esto… estaba pensando yo que me sobra tiempo para pensar… ¿la quinta esencia de la trampa… sería el truco? el de magia quiero decir.
Junio 12th, 2007 at 14:06
En la magia no hay trampa, sólo magia.
Y a cualquiera que diga lo contrario lo transformo en sapo ;P
Junio 13th, 2007 at 11:51
Por cierto, señorita Idgie, ¿la dirección de correo electrónico que aparece en la sección “Contacto” es auténtica o también una trampa? Le escribí hace unos días para darle una noticia, y no sé si le llegó mi mensaje.
Junio 14th, 2007 at 22:26
Mangamoncio, el email es correcto, le pido mil millones de perdones por no haberle contestado antes. Se me ha juntado un resfriado con un follón tremendo en el que me acabo de meter, con crisis creativa (mala), con posterior explosión creativa (buena), etc.
Y ya casi, casi, puedo decir que tengo una sorpresilla para mañana… con la que espero me perdonen mi ausencia de estos días. :)
Junio 15th, 2007 at 9:05
Pues esperaremos…
Junio 15th, 2007 at 9:25
No se preocupe, señorita Idgie. Más vale tarde que nunca.
Espero anhelante su sorpresilla.