Debimos tomar precauciones cuando nos aseguraron que se trataba de la mejor cámara del mercado. Ahora no sabemos cuál es la fotografía, y cuál el niño de verdad. Llevamos unos días resignados, preparando el doble de biberones y cambiando el doble de pañales, pero empezamos a estar un poco hartos. Esta mañana, Fidel ha llegado a casa con un marco de fotos que hace juego con el que compré yo la semana pasada. Dice que es el único modo de acabar con esto de una vez por todas, y no le falta razón. Creo que los niños quedarán muy bien ahí, uno a cada lado de la chimenea.

