Cuentos mínimos

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas publicadas en Noviembre de 2008


Publicado el Miércoles 26 de Noviembre de 2008

Idgie W. Mcgregor

Voy a rescatar un cuentito antiguo que algunos de vosotros conocéis, pero que con los cambios (mínimos) que hago de vez en cuando en el blog se me quedó fuera tontamente. Se trata, nada más y nada menos, del relato en donde nació ese entrañable personaje que ha sido (y todavía es) mi alter ego por estos mundos virtuales. Para mí siempre será una viejecita excéntrica y adorable, pero tengo mucha curiosidad por saber cómo os la imagináis vosotros. :)

Dinero

El hijo del archimillonario fabricante de alfombras Mohammed Abdul Haj-Saleh no quería dejar la casa en la que se había criado para ir a estudiar a un país extranjero, tal y como estaba planeado. Piedra por piedra, casa por casa, y habitante por habitante del condado de Berkshire fueron trasladados al sur de Siria, muy cerca de Damasco. La única persona que no se dejó engatusar por el dinero de Abdul fue la señorita Idgie W. McGregor, a quien las comidas exóticas, según sus propias palabras, no sentaban nada bien.

(Brighton, marzo de 2004)

Publicado el Domingo 16 de Noviembre de 2008

Garantía

Cuento de noviembre en Libro de Notas.

Garantía

A la luz oscilante de un pequeño sótano, intenta recomponer los pedazos de su corazón con una barrita de pegamento. No es una tarea fácil, pero está acostumbrado, ya lo ha logrado otras veces. Pasado un rato se da por vencido: era una chica tremenda, el daño es irreparable. Con resignación, los amontona lo mejor que puede y se marcha de allí. Mañana mismo irá a la clínica, a exigir que se lo cambien por otro nuevo.

*Perdonadme por el cuento tontorrón de este mes… Era un ciclo que tenía que cerrar. ;)

Publicado el Viernes 7 de Noviembre de 2008

Reconciliación

El mes pasado se me olvidó traerme el cuentito Libro de Notas, pero más vale tarde que nunca. :)

Reconciliación

Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más (sólo lo justo), y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y sólo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.