Está cansado de que pasen por delante sin mirarlo siquiera, así que abre una maleta inmensa y guarda en ella la guitarra, la lona sobre la que se sentaba, el banquito, la farola, la acera, las papeleras, un buzón, un par de niños que jugaban cerca, un puestecito de helados, una tienda de reparaciones, un perro callejero y una peluquería de señoras.

El otro hombre, que hace unos segundos se disponía a cruzar el semáforo con total tranquilidad, se encuentra de repente sumergido en una especie de niebla gris, con la mano a medio camino de una moneda en su bolsillo para la que, sospecha, ya es demasiado tarde.

Has cogido la cartera, la has encontrado y te la has metido en el bolsillo. No disimules, a mí no puedes engañarme. Busca un rincón apartado, y aprovecha para explorar su interior. Un tipo con pasta, ¿eh? Cógela, tendrá más. Mejor quédate con la cartera entera, es de piel, tira la tuya. Mira qué traje, te sentaría como un guante. Esa debe ser su mujer, no me negarás que es mucho más guapa que la tuya. Y sin hijos, no hay fotos de niños. Mejor. ¿Por qué no vas a su casa y te lo pruebas todo? Reconoce que tu vida es una basura. Tienes razón en que no os parecéis demasiado, pero espabila, cambia de peinado. Sé espontáneo por una maldita vez.