Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor.

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas de la categoría ‘Gente’


Publicado el Jueves 30 de Marzo de 2006

¿Seis? (o ‘El mundo entero al alcance de tu mano’.)

Después de varios meses escuchando hablar sobre Zifra y el Blog de Zifra a Fanshawe y a Carboanion (e imaginándomelo como una chica joven y algo friki) me da por echar un vistazo y descubro que es un amigo y compañero de mis padres en la Universidad.

Hace unos meses llego a la bitácora de Rafael Marín por medio de Otis, que lo cita en un par de ocasiones casi seguidas. Tras preguntarle a mi padre por este escritor de ciencia ficción y gaditano, resulta que es compañero suyo del colegio.

Hace seis o siete años ya, no estoy segura, estoy tomando una cerveza con Alberto y de pronto Carlos se acerca y se nos sienta al lado, tan tranquilo y sonriente como siempre. Dos de mis mejores amigos que a su vez eran íntimos sin yo tener ni idea.

Llevo tiempo queriendo escribir sobre la teoría de los seis grados de separación. Pero últimamente he decidido que ya no deberían ser seis, sino cinco. O incluso cuatro. Porque la velocidad a la que vamos hoy en día de la mano de tanta tecnología nueva se los salta de dos en dos.

No estoy segura, pero creo que esto me gusta.

Publicado el Domingo 26 de Marzo de 2006

Comi-trágico.

Entro en el autobús. Hay varias personas de pie, por lo que me sorprendo de mi suerte al encontrar un asiento vacío al lado de un anciano. Nada más sentarme, comprendo el porqué. Se trata de un hombre más que peculiar, de los que tendemos a evitar por temor, vergüenza ajena o, simple y mero acto reflejo. Lleva sombrero, al que ha malpegado una pequeña plumita de tela arrugada a lo Robin Hood. Viste chaqueta a cuadros, chaleco y corbata amarilla. Empuña bastón.

Abro mi libro, pero no leo nada. Lo observo por el rabillo del ojo. Y permanezco atenta a todo lo que hace.

De pronto empieza a hablar lo suficientemente alto para que lo oigamos todos los pasajeros que estamos a su alrededor. Mantiene una conversación natural, como si todos lleváramos media hora juntos tomando un café. Sólo que no se molesta en esperar a que nadie le conteste. Cuenta chistes, uno detrás de otro. Cuando no se ríe nadie los explica, por si alguno más torpe no lo ha pillado bien. En realidad mezcla un poco de todo. Saca de su bolsillo un dibujo de una joven que al girarse se convierte en anciana. Un recorte de periódico amarillo de una mujer negra con cientos de aros de metal en la cara. Incluso cuenta un problema matemático (el de los tres hombres que van a un bar, ponen 10 pesetas cada uno y al final el cambio no cuadra) que sólo yo parezco identificar por la de veces que se lo he oído a mi madre.

A nuestro alrededor, la mayoría de la gente se burla de él. Pero no parece importarle lo más mínimo.

Y entonces pasa: repite el mismo chiste que acaba de contar un minuto antes. Las sonrisas se nos congelan. Me viene a la cabeza lo que dijo Alberto hace unos días sobre la soledad. Y me digo a mí misma que tengo que escribir sobre esto.

Publicado el Miércoles 10 de Agosto de 2005

Una vez en la vida.

Cuando se acude al teatro y se ve una obra especialmente buena (más aún en el caso de un monólogo), es bonito salir con la sensación de que el actor ha tenido una noche “mágica” difícil de repetir. De que ese día ha estado más inspirado que cualquier otro, y tú has estado ahí para verlo. Mala suerte para los que acudieron el día antes, o para los que acudirán el día después.

Quiero creer que eso es lo que sucedió la noche del 22 de julio en Almagro, cuando todo los espectadores del Claustro de los Dominicos, con la piel de gallina, conteníamos la respiración al compás de las palabras de El Brujo.

Publicado el Jueves 30 de Junio de 2005

A un chico alto con gafas (o “Quien te conoce, lo sabe”)

Enhorabuena por esas ciento y pico páginas con portada.

Gracias por la hora de poesía y risa que me brindaste hace ya más de un mes, un lunes o un martes entre la una y las dos de la madrugada. Nunca antes he llevado ojeras al trabajo con tanto orgullo.

Enhorabuena por haber encontrado a una chica con la que compartir tantísimas cosas.

Gracias por organizar talleres en los que se leen signos de puntuación, por ir a Canadá y leer libros raros, por hacer dibujos que Josefina pueda colorear y por enseñar español a una señora a la que se le olvidan las cosas.

Gracias, en resumen, por infundarnos a los demás tantas ganas de vivir aunque sea sin darte cuenta.

Y perdona por haber tardado tanto en dedicarte este mensaje.

Publicado el Lunes 27 de Junio de 2005

De vuelta.

Durante este último mes sólo he tenido un fin de semana de descanso. Semanas de siete días en la oficina llegando a casa a las ocho de la tarde. Me ahorraré los detalles, pero os podréis imaginar que estoy totalmente agotada.

Cuando se viven momentos de tanta tensión en un ambiente laboral (en cualquier ambiente, diría yo), es fácil olvidar a veces que todos estamos en el mismo equipo. Surgen roces y discusiones que cuanto más cansados estamos, peor van sentando. El cansancio acumulado se multiplica por dos, o por diez. Y llega un momento en el que crees de verdad que no puedes más.

He estado en ese punto varias veces durante las últimas semanas. Hará unos diez días, sin embargo, llegué del descanso de mediodía y me encontré en mi escritorio un libro envuelto en papel blanco.

La nota que lo acompañaba decía: “C + MJ - I don’t mean to be evil. I’m just tired. Love you both, Steve xx”.

Lo que probablemente no sabe Steve es que ese gesto me ha hecho aguantar hasta hoy, cuando está a punto de acabarse todo el follón.

Muchísimas gracias, Steve.

Publicado el Miércoles 11 de Mayo de 2005

Arrepío friki.

Hoy he conocido a Terry Pratchett.
Entre otras cosas, le pedí que me firmara la tapa de mi cuaderno rojo de cuadros.
Decididamente, este hombre no debería quitarse el sombrero nunca. Hay que ver lo que le luce.

Publicado el Miércoles 4 de Mayo de 2005

Feliz cumpleaños.

Carolina cumple hoy treinta años, y está en la otra punta de Europa.
Le he regalado una plantita, para que le haga compañía a lo largo de estas tres semanas.
La echo de menos, y mucho.

Publicado el Jueves 14 de Abril de 2005

Con un par.

Ayer, mi amigo Fernando dejó la oficina (en la que tenía un trabajo fijo) para dedicarse a la pintura, su pasión. No hay duda de que supone un riesgo, pero estoy de acuerdo con él en que se trataba de ahora o nunca. Aprovecho este rinconcito para dedicarle unas líneas de admiración y respeto. Deseo de todo corazón que le vaya bien.

Publicado el Sábado 19 de Marzo de 2005

Día de San José.

Le dice mi tía Concha hoy a mi primo Javi, ambos al otro lado del teléfono:

- Ven, Javier. ¿Quieres felicitar a la prima María José?

Responde él:

- Ah, ¿pero es padre?

Publicado el Domingo 13 de Marzo de 2005

Mensaje atípico.

Hace un par de días, hablando por el messenger con un amigo que está pasando por una mala etapa, me pidió en un momento dado que por favor no dejara de escribir aquí. No podía ver su rostro, pero en mi mente se me apareció la misma expresión sombría que se le dibujó hace unos meses cuando, jugando al Pictionary en una de nuestras interminables madrugadas, me imploraba en silencio que consiguiera adivinar la palabra “precio” a partir de un dibujo en el que todavía no hemos sido capaces de hallar semejanza alguna con ningún objeto de la realidad.

Por este amigo me he sentado hoy frente al ordenador, aunque no tenga nada especialmente interesante que contar. Porque creo que merece (mucho) la pena darle un coscorrón a la pereza que de vez en cuando me mantiene alejada de aquí para traeros mis dos minutos diarios de complicidad. Porque estoy segura de que de algún modo, él necesita que yo no abandone el própósito con el que empecé esto el primer día. Sería demasiado decir que le brindo unos instantes de felicidad. Yo creo que, simplemente, se trata de un poquito de paz.

Estoy (sigo estando) aquí. Si me necesitas, silba bajito.