Cuentos mínimos

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas de la categoría ‘Merece la pena’


Publicado el Domingo 4 de Junio de 2006

Casi nunca leo poesía.

Creo que no lo hago de forma premeditada. O quizá sí. El caso es que hoy me ha alegrado la noche encontrarme con esto:

CONFLICTO DE PERSONALIDAD
(de Juan José Téllez Rubio)

Si un doble mío penetrara en su cuarto
y lamiéndole el cuerpo con el mimo
sumiso del esclavo, le sacara
de algunas de sus frecuentes pesadillas.
Si le invitase entonces a un viaje secreto
por muslos y por labios, laberintos
de piel que una mano diestra
registre en la noche, suavemente.
Si entre usted y yo, a estas alturas,
hubiera saliva o rumor de matorrales,
la íntima humedad con que el rocío del gozo
va untando a aquellos que no duermen.
Si fuésemos reptiles, si transfigurásemos
el río de las horas en un burdel de gestos
y el alba sólo fuera un relámpago importuno.
Si mi sosias penetrase por su hendidura estrecha
y el vello nos sumiera en un deleite súbito.
Si tensáramos sus músculos como el hilo de un arco
que habrá de dispararse contra la carne contraria.
Quizá-quizá, si todo esto ocurriera
y yo la encuentre mañana en los grandes almacenes,
mirándome a los ojos distraída diría
su cara, caballero, no sé, me suena mucho.

(Extraído del librito Las causas perdidas, VI Premio Aljabibe de Poesía; publicado por Endymion.)

Publicado el Jueves 1 de Junio de 2006

La ecuación perfecta.

Llevo mucho, mucho tiempo dándole vueltas a una cuestión: ¿cuál es la literatura que me gusta? ¿Tengo preferencia por los cuentos cortos? ¿Por algún género en especial? ¿Sólo por determinados autores, o temáticas?

Hoy por fin he dado con la clave: Me gustan los textos que, independientemente de la extensión o el género, me dejan más tiempo pensando del que tardé en leerlos. De un modo más ‘científico’ podría expresarlo así:

Tiempo que paso pensando sobre lo que he leído
——————————————————————————— = Valoración final
Tiempo que invertí en leerlo

Está claro que un buen microrrelato (ojo, insisto en lo de ‘bueno’) obtendría casi automáticamente una puntuación altísima al pasarlo por esta formulita. Pero el valor que tienen para mí muchos de mis libros favoritos, a los que mi mente acude una y otra vez sin descanso (en la cama, en el autobús, cuando camino sola, mientras escribo estas líneas) va tendiendo, poquito a poco, a infinito.

Lo cual demuestra que la ecuación funciona.

Publicado el Sábado 27 de Mayo de 2006

La primera mentira.

Lo recuerdo todo como si fuera ayer. Tenía 6 años, y hacía muy poco que había conocido a la que sería mi mejor amiga durante mucho tiempo. Estábamos las dos en la placita en la que jugábamos siempre, y entonces pasó por delante de nosotras una chica de rasgos achinados. Mi amiga me dijo: ‘¿Sabes? Mi padre ha viajado a muchos lugares del mundo. Una vez estuvo en China, y vio cómo quemaban viva a una chica que se parecía mucho a esa’.

A mí me impresionó mucho la historia. Sentí una envidia tremenda por tener un padre tan aventurero, pero también me daba muchísima pena la historia de la pobre china. Lo único que llegué a preguntarle es cómo sabía que ambas chicas se parecían. ‘Porque me enseñó una fotografía’, me dijo ella. Nunca puse en duda lo que me contó.

Algunos meses después, cuando ya éramos mucho más amigas, me vino un día muy seria y me confesó que todo aquello de su padre y de la china no era verdad. Yo no supe cómo reaccionar. No es que estuviera enfadada, simplemente no le veía ningún sentido. ¿Por qué me mentía a mí? ¿No éramos amigas? ¿Por qué? ¿¿¡¡Por qué!!??

En la práctica no cambió nada entre nosotras, pero aún puedo revivir el sentimiento de decepción que me invadió en aquél momento. Quizá no fui consciente entonces, pero ahora lo sé: aquella fue la primera mentira de mi vida. Habría un antes y un después de todo aquello.

Hoy agradecezco profundamente a todo el mundo que me rodeaba (a mis padres, a mi familia) que esa primera mentira no me llegara hasta los seis años. Qué infancia más afortunada, la mía. Qué burbuja más bonita.

Publicado el Martes 23 de Mayo de 2006

Crecer.

Leer, ir al cine, ver una película en casa, escribir, escribir en esta bitácora, aprender a dibujar, llamar a mis amigos, trasnochar, levantarme tarde, nadar, tocar la guitarra, ordenar mis cds, hacerme un gazpacho, salir de viaje, follar.

Son cosas que me gusta hacer cuando a mí me apetece, no cuando mi trabajo, o la vida en general me lo permiten.

Creo que nos hacemos mayores el día en que nuestro tiempo deja de pertenecernos.

Y está claro que no acabo de aceptar esa pérdida.

Publicado el Domingo 21 de Mayo de 2006

Ya no más.

Hoy he soñado que estábamos a finales de diciembre. Mi amigo C. me decía: ‘Yo llego a Sevilla el día tal’. Mi amigo A., ‘Y yo el día cual’. Yo tenía muchas ganas de verlos a ellos y a todos los demás, pero entonces me daba cuenta de que no había comprado el billete de avión todavía. De que ya era demasiado tarde, demasiado caro.

Entonces me desperté y caí en la cuenta de que eso ya no importaba. De que ya no vivo en Brighton.

He vuelto a dormirme, con una sonrisa.

Publicado el Jueves 4 de Mayo de 2006

El yogur es lo de menos.

Jose dice que vaya memoria más impresionante que tengo. No tiene nada de especial, de hecho es bastante absurda. Vuelvo a recurrir al formato dramático.

COCINA DE MI CASA. INTERIOR. NOCHE.
(Hará unos cinco o seis años)
IDGIE:
Hay yogures, ¿te apetece uno?
JOSE:
Vale.
IDGIE:
¿De qué lo quieres?
JOSE:
Ah, me da igual. De lo que más te guste a ti.

Quedaos con esa última frase. Una persona despreocupada diría “De lo primero que pilles”. Una indecisa, simplemente incidiría en el “Me da igual”. Una racional, por ejemplo “De lo que a ti no te guste (y así lo que te guste te lo tomas tú, ya que al fin y al cabo a mí me da lo mismo)”.

Cuando Jose dijo “De lo que más te guste a ti” resumió en esa frase tan aparentemente simple, y por supuesto sin darse cuenta, toda su visión lúdica de la vida. Dame algo que confíes que voy a disfrutar.

Y eso es, quizá, una de las cosas que más me gustan de él.

Publicado el Viernes 28 de Abril de 2006

No pasan en balde.

Una se da cuenta de que empieza a tener algunos años a la espalda cuando en una entrevista de Jesús Quintero a Felipe González, el realizador mete un letrerito de infografía con el nombre de éste cada cinco minutos para identificarlo.

Publicado el Lunes 24 de Abril de 2006

Mi lado oscuro.

PARADA DEL AUTOBÚS. EXTERIOR. DÍA.
Dos jóvenes de unos 16 años charlan con cara de espárrago (ambos, lo cual no deja de resultar exótico).
CHICO:
¿Vas a ir hoy al instituto?
CHICA:
Sí, pero no pienso entrar a tercera hora en química. Voy fatal con la asignatura.
CHICO:
¿Y no será peor si encima no vas a clase?
CHICA:
Ya, pero es que a mí ese tío no me soluciona nada.

Podría haber dicho ’es que no me entero con el profesor ese’. O ’me aburro como una ostra’. O ’paso, me voy a tomar el sol, o a la Feria’. Pero no, tuvo que soltar una mamarrachada como esa: “a mí ese tío no me soluciona nada”.
Es por eso por lo que me entraron ganas de estrangularla.PD: Pero no, no lo hice (sic).

Publicado el Jueves 20 de Abril de 2006

Él y ella

A veces, a fuerza de cruzarte con las mismas personas todos los días, algunas de ellas entran a formar parte de tu vida sin que te des cuenta, y el día que no los ves te sorprendes a ti mismo pensando en ellos de repente.

Ella es una chica joven, morena, muy pero que muy guapa. Él es delgado y alto (mucho más que ella), joven también y algo desgarbado, todo piernas y todo brazos. No te das cuenta en el primer momento, pero poco después se hace evidente que sufre algún tipo de retraso mental.

Cuando bajan del autobús, siempre juntos, él se detiene unos instantes y busca la mano, el hombro o el cuello de ella para apoyarse. Una vez que lo encuentra echa a andar, y su rostro y su sonrisa te dicen que no, que ya no puede pasarle nada malo. Con ella a su lado, él se siente seguro.

A veces, te gustaría que esas personas siguieran formando parte de tu vida para siempre.

Publicado el Domingo 16 de Abril de 2006

Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza.

Y no, no es una frase mía (por más que me gustaría). Se trata del título de un cuento de Fernando Sorrentino que leí hace la tira de años y que llevo esa misma cantidad de tiempo buscando como loca. Hoy, por un cúmulo de casualidades, he descubierto el nombre de su autor y por ahí he conseguido volver a encontrarlo.

A modo de introducción, sólo puedo añadir que es uno de esos cuentos que me encantaría que se me hubieran ocurrido a mí. (suspiro). Y que ejemplifica todo lo que para mí debe ser un cuento corto. He aquí el principio:

Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza. Justamente hoy se cumplen cinco años desde el día en que empezó a pegarme con el paraguas en la cabeza. En los primeros tiempos no podía soportarlo; ahora estoy habituado.

Es un poco largo para trasncribirlo aquí entero (algo más de una página), así que si os habéis quedado con las ganas, podéis encontrar el cuento completo aquí.