Cuentos mínimos

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas de la categoría ‘Reflexiones’


Publicado el Lunes 11 de Julio de 2005

El después.

Hay un momento terrible tras un suceso como el del jueves pasado por el que todos pasamos cuando de algún modo nos coge relativamente cerca. Se trata del instante en que, una vez que hemos contactado con nuestros familiares o amigos y comprobado que están bien, decimos bajito: “…uf”. Claro, no se puede decir en voz alta, pero es un alivio saber que los muertos no te han tocado a ti.

Sé que es una reacción inevitable e incluso humana, pero eso no me hace sentir mejor.

Publicado el Martes 12 de Abril de 2005

Donde menos te lo esperas.

Hace cosa así de una hora, me he hecho un cortecito en un dedo con una caja de cartón. Precavida, para evitar riesgos mayores, he acudido a mi botiquín y sin dudarlo ni un instante he desenfundado una tirita. Ahora bien, vaya tirita. Tiene un mónton de dibujos de colores que representan un cd, un ordenador, un perrito caliente, un teléfono móvil y una lata de refresco. He llegado así a la conclusión de que se trata, nada más y nada menos, que de una tirita capitalista.
Por si fuera poco, la primera vez me la he puesto demasiado ajustada. Puedo decir, por lo tanto, que hoy me he visto oprimida por el capitalismo.
Lo que hay que oír.

Publicado el Viernes 18 de Marzo de 2005

Un mal día.

Como jefa de departamento, acabo de tomar una decisión que supondrá despedir a una de las empleadas que se encuentran a mi cargo antes de lo previsto. No es especialmente buena trabajando, ha tenido más de un roce con otra gente de la oficina, y en este momento tenemos a alguien exclusivamente dedicado a revisar lo que hace. En circunstancias diferentes, podríamos permitirnos darle más tiempo para adaptarse, pero con todos los cambios que están produciéndose, para cuando empiece a resultar eficiente, es posible que la compañía no la necesite más.

Me siento fatal por haberme visto obligada a tomar esa decisión.

Por otro lado, me alegro un poquito de sentirme tan mal.

Ojalá sea algo que no aprenda a superar nunca.

Publicado el Martes 15 de Marzo de 2005

De lo bueno, lo malo, y otras cuestiones serias.

La semana pasada han tenido lugar varias cosas a la vez que han provocado por mi parte una serie de planteamientos más o menos profundos. Por un lado, me leí el libro de “El Diablo y la señorita Prym”, de Paulo Coelho. Por otro, compartí una semana de viaje con el director de mi departamento que resulta ser musulmán, lo que dio lugar a muchas coversaciones refentes a la religión. Y todo ello, en un país tan pobre como Bulgaria en el que mi empresa paga ochenta céntimos por hora por el mismo trabajo que aquí en Brighton se paga a seis libras la hora. Voy a intentar resumirlos y poner un poco de orden:

¿Por qué nos resulta tan fácil ajustar nuestras escalas de valores (es decir, quedarnos con la conciencia tan tranquila) para no condenar en nombre de la religión ciertos actos que son INJUSTOS los mires por donde los mires, pero nos convienen? ¿Tan flexibles -tontos- creemos a nuestros respectivos Dioses como para no darse cuenta?

¿Por qué necesitamos creer en un “árbitro” por encima de nuestras cabezas que se dedique constantemente a juzgar nuestras acciones? ¿No será que no nos atrevemos a juzgarlas nosotros mismos por considerarnos incapaces de perdonar siempre nuestros deslices?

¿Es lo mismo obrar bien por el mero hecho de creer que es lo correcto, que hacerlo para conseguir una recompensa? ¿Y que hacerlo por miedo -terror- al castigo, ya sea en vida o después de la muerte? ¿¿Importa??

Todo lo que sé es que los que en su día inventaron la religión se me antojan, por encima de todo, unos seres bastante maquiavélicos.

Publicado el Lunes 7 de Febrero de 2005

Cómo hemos cambiado.

Creo que tenía unos diez u once años. Nos reunieron a todo el colegio en una sala grande para darnos una charla sobre las ventajas de cuidarse los dientes como es debido. Una parte de la demostración requería a un voluntario que fuera a lavarse los dientes en ese momento, y al volver masticaba una especie de chicle que coloreaba las zonas que no había cepillado correctamente. El chico que se ofreció no podía ser otro que Ricardo, el más “moderno” del colegio por aquel entonces. Dos años mayor que yo. La mitad de las chicas enamoradas perdidamente de él. Yo, por supuesto, no me hubiera atrevido a salir delante de tanta gente.

Bueno, a lo que voy. Este mensaje no va sobre higiene bucodental, sobre mi timidez infantil, ni sobre amores platónicos de mi juventud (aclaro que no me hacía especial gracia el tal Ricardo). Mi intención no es otra que dejar constancia de la ENVIDIA que me invadió el cuerpo aquel día porque al chico aquel le regalaron el cepillo de dientes y la pasta que utilizó en el experimento. En aquel momento, estar en su pellejo se me antojó algo muy cercano a la felicidad.

Publicado el Lunes 31 de Enero de 2005

La moneda.

Siempre he detestado la estadística como intento de medir lo que no ha pasado todavía. Con lo maravilloso que son el caos y el azar. Aún así, estoy dispuesta a concederle una última oportunidad si alguien es capaz de resolverme una cuestión a la que llevo dando vueltas desde hace siete u ocho años (puede que más).

Pongamos a dos sujetos, a los que llamaremos “Señor Tramposo” y “Señor Astuto”. El “Señor Tramposo” va a proponer al “Señor Astuto” una serie de apuestas al clásico juego de “Cara o cruz”, pero haciendo honor a su nombre usará una moneda trucada, en la que el 80% de las veces sale Cruz (Nota: si dicha moneda es “imposible” en la realidad, hago un llamamiento a la imaginación del lector para que sea un poco condescendiente en ese punto).

Ahora bien: el “Señor Astuto”, al que no se le escapa una, no se fía ni un pelo del “Señor Tramposo”, y acepta jugar con la moneda de éste con una condición: en una de cada dos tiradas, el resultado que se contabilizará será el contrario del que salga. El “Señor Tramposo”, cogido por sorpresa, no tiene más remedio que aceptar, y el juego comienza.

Mi pregunta es: ¿consigue la condición del “Señor Astuto” contrarrestar el efecto de la trampa del “Señor Tramposo”?

Ahí queda eso.

Publicado el Jueves 20 de Enero de 2005

Estoy hasta las narices.

Fragmentos de lo que se puede leer hoy en los periódicos digitales.

“[..] la Iglesia, cuando promueve el recto uso de la sexualidad humana, encauzada por la virtud de la castidad […]”
[El Mundo]

Esto… que alguien me explique otra vez el concepto de “sexualidad humana”, que no me ha quedado claro.

“[…] la epidemia se combate con la castidad.”
[El Mundo]

Sí que es verdad, la raza humana también. O mejor todavía: los curas del 2085.

“[…] la doctrina católica sostiene que el uso del preservativo implica una conducta sexual inmoral.”
[ABC]

A ver si nos dejamos de tonterías, que es mucho más sencillo que eso: El uso del preservativo implica una conducta sexual. Y punto.

“Hay unos 40 medios que ofrecen los científicos para combatir el sida. El preservativo es uno de ellos.”
[Diario de Sevilla]

De acuerdo, pues delen su “bendición” a todos y a cada uno de ellos.

Otra cosa son los casos particulares en los que se deba aplicar el principio del mal menor, como sucedió en los años sesenta cuando se permitió a las misioneras en el Congo el uso de píldoras anticonceptivas debido al elevado riesgo de violación por guerrilleros.
[ABC]

Sin comentarios.

Publicado el Jueves 20 de Enero de 2005

¿Seguro que es un chiste?

Iraq

Publicado en “The Times” digital. Pincha aquí si no te lo crees. :-)

Publicado el Jueves 13 de Enero de 2005

Filosofía en cincuenta palabras.

Aquí os dejo un cuentecillo de los que le hacen a una plantearse un par de cosas. Será corto, pero nada trivial. Lamentablemente, la única referencia que tengo sobre su origen es que la escribió alguien llamado ‘Wind’ de Taiwán, el 13 de junio de 2002. Desde aquí le mando mis saludos.

Life
A fisherman had a nice family and lived happily near the beach, fishing only for their daily needs. One day he met a businessman who said “Catch more fish, buy more boats and run a successful business”. The fisherman answered “Then what?”. “Start a family and live by the beach.”

Publicado el Miércoles 12 de Enero de 2005

Declaración de intenciones.

Hacer, leer, ver, aprender, escribir o inventar (al menos) una cosa interesante cada día. Que nunca se me acabe la curiosidad.