Cuentos mínimos

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas publicadas en Enero de 2005


Publicado el Lunes 31 de Enero de 2005

La moneda.

Siempre he detestado la estadística como intento de medir lo que no ha pasado todavía. Con lo maravilloso que son el caos y el azar. Aún así, estoy dispuesta a concederle una última oportunidad si alguien es capaz de resolverme una cuestión a la que llevo dando vueltas desde hace siete u ocho años (puede que más).

Pongamos a dos sujetos, a los que llamaremos “Señor Tramposo” y “Señor Astuto”. El “Señor Tramposo” va a proponer al “Señor Astuto” una serie de apuestas al clásico juego de “Cara o cruz”, pero haciendo honor a su nombre usará una moneda trucada, en la que el 80% de las veces sale Cruz (Nota: si dicha moneda es “imposible” en la realidad, hago un llamamiento a la imaginación del lector para que sea un poco condescendiente en ese punto).

Ahora bien: el “Señor Astuto”, al que no se le escapa una, no se fía ni un pelo del “Señor Tramposo”, y acepta jugar con la moneda de éste con una condición: en una de cada dos tiradas, el resultado que se contabilizará será el contrario del que salga. El “Señor Tramposo”, cogido por sorpresa, no tiene más remedio que aceptar, y el juego comienza.

Mi pregunta es: ¿consigue la condición del “Señor Astuto” contrarrestar el efecto de la trampa del “Señor Tramposo”?

Ahí queda eso.

Publicado el Jueves 27 de Enero de 2005

El castellano, ¿la tercera lengua más hablada del mundo?

Vivo en Brighton, una pequeña ciudad al sur de Londres. En la planta baja de mi oficina somos:

- Cuatro españoles
- Dos venezolanos
- Un noruego
- Un sueco
- Un paquistaní
- Una austríaca
- Un polaco
- Un brasileño
- Una rusa
- Un italiano
- Una francesa
- Dos alemanas
- Un holandés
- Un griego
- Una china
- Una estadounidense
- Y tres ingleses

Por la mañana, todo el mundo se saluda con un “Hola” o un “Buenos días” (en castellano).
Cuando tenemos algo que agradecer todos decimos “Muchas gracias” (en castellano).
Y cuando nos vamos a casa, nos despedimos con un “Adiós” o un “Hasta mañana” (sí… en castellano).

Publicado el Martes 25 de Enero de 2005

Vecinos intrépidos.

Queridos Adela y Cristóbal:
Sucedió el jueves pasado. Entré en casa y la pared del salón no estaba. Mi nuevo vecino en su sillón, contemplando las noticias en mi televisor.
- He pensado que si vamos a vivir juntos, deberíamos casarnos. Por el “qué dirán”.
Así, de repente, no encontré ninguna razón para oponerme. La boda se celebrará el próximo domingo. Iglesia de San Lorenzo. Pamela imprescindible, dada la época del año.
Un abrazo,
Julia.

(Brighton, Octubre de 2003)

Nota: Este cuentecillo, entre otros, lo publiqué en la Editorial Nuevo Ser, en la recopilación “Mundo Literario 2004″. Es uno de mis preferidos.

Publicado el Sábado 22 de Enero de 2005

Estreno de la sección ‘Cuentos Mínimos’

Y lo hago, paradójicamente, con una cita:

Toda vez que, por necesidades económicas, Mastropiero se vio obligado a componer música “a pedido”, o por encargo, produjo obras mediocres e inexpresivas. Por el contrario, cuando sólo obedeció a su inspiración, jamás escribió una nota.
Les Luthiers

PD: Por cierto, todo cuento que publique sin ninguna aclaración con respecto a su procedencia… está claro que es mío. Tenedlo en cuenta, ¿eh?

Publicado el Jueves 20 de Enero de 2005

Estoy hasta las narices.

Fragmentos de lo que se puede leer hoy en los periódicos digitales.

“[..] la Iglesia, cuando promueve el recto uso de la sexualidad humana, encauzada por la virtud de la castidad […]”
[El Mundo]

Esto… que alguien me explique otra vez el concepto de “sexualidad humana”, que no me ha quedado claro.

“[…] la epidemia se combate con la castidad.”
[El Mundo]

Sí que es verdad, la raza humana también. O mejor todavía: los curas del 2085.

“[…] la doctrina católica sostiene que el uso del preservativo implica una conducta sexual inmoral.”
[ABC]

A ver si nos dejamos de tonterías, que es mucho más sencillo que eso: El uso del preservativo implica una conducta sexual. Y punto.

“Hay unos 40 medios que ofrecen los científicos para combatir el sida. El preservativo es uno de ellos.”
[Diario de Sevilla]

De acuerdo, pues delen su “bendición” a todos y a cada uno de ellos.

Otra cosa son los casos particulares en los que se deba aplicar el principio del mal menor, como sucedió en los años sesenta cuando se permitió a las misioneras en el Congo el uso de píldoras anticonceptivas debido al elevado riesgo de violación por guerrilleros.
[ABC]

Sin comentarios.

Publicado el Jueves 20 de Enero de 2005

¿Seguro que es un chiste?

Iraq

Publicado en “The Times” digital. Pincha aquí si no te lo crees. :-)

Publicado el Miércoles 19 de Enero de 2005

Sinvergüenzas.

Me cuenta un amigo sueco, Fred, que las autoridades de su país han recibido multitud de llamadas por parte de delincuentes y criminales tratando de darse a sí mismos por perdidos en el maremoto asiático. Así se pillen un dedo con la puerta la próxima vez que salgan de casa.

Publicado el Lunes 17 de Enero de 2005

Ajedrez simultáneo.

Hay un programa en la televisión inglesa llamado “Trick of the mind” (”Truco de la mente”) presentado por un tal Derren Brown que mezcla sugestión, adivinación y espectáculo. En casa, para simplificar, lo llamábamos “El hombre de la mente”. Independientemente de que me crea o no la mayoría de cosas que hace, hay que reconocer que a veces el hombre tiene ideas realmente excepcionales como la que paso a describir:

En uno de los programas reunió a nueve jugadores de ajedrez de lo mejorcito de distintas partes del mundo, disponiéndose a jugar una partida simultánea con cada uno de ellos. El único detalle curioso fue que los colocó a todos en círculo, separados por mamparas para que no pudieran verse los unos a los otros. Antes de empezar declaró a la cámara: “No tengo ni idea de ajedrez, pero voy a entrar ahí para engañarlos a todos”. Y eso es lo que hizo.

Sin que ellos se dieran cuenta, emparejó a cuatro de los jugadores con otros cuatro, de manera que en realidad disputaban las partidas entre ellos mismos. Para que me entendáis: memorizaba el movimiento de la mesa 1, lo reproducía en la 5, y volvía con la ‘respuesta’ de la 5 a la 1 otra vez. Lo mismo con el 2 y el 6, el 3 y el 7 y el 4 y el 8. ¿El resultado? El mismo número de victorias (3), derrotas (3) y tablas (2) en ocho de las nueve partidas. Era muy divertido, porque al final cada uno de los jugadores declaraba complacido (y bastante perplejo) haberse enfrentado a un “gran maestro”, lo cual era la pura verdad, ¿no?

El truco que empleó para ganar la novena y última partida (y declararse así vencedor general del ‘torneo’) no lo reveló, pero a mí me bastó con lo primero. Un ‘hurra’ por el señor Marrón.

Publicado el Domingo 16 de Enero de 2005

Recuerdo “al alimón”.

Cuando era pequeña soy consciente de haberme despertado muchas mañanas en la cama de matrimonio de mis padres. Mi única memoria es la imagen de mi madre descorriendo las cortinas y el ruido de un tren que pasaba a veces, supongo que las vías debían estar cerca.

Ayer acudí a mi padre en persona para atar cabos sueltos. Esta fue su respuesta:

En el tiempo cercano al nacimiento de tu hermana fue en el que se produjo la serie de llegadas tuyas a nuestra habitación. La situación se desarrollaba tan sencillamente como sigue:
Yo abría los ojos y te encontraba de pie, sonriendo y diciendo -exlusivamente- hola y -te lo juro- siempre a las cuatro menos veinte. El ritual siguiente era levantarte en volandas y meterte en la cama, donde te cobijabas con tu madre, a pesar de no hacer ya frío, pues tu hermana nació en Agosto. Yo cogía mi despertador y me largaba a dormir a tu cama hasta las seis. Y, evidentemente, mamá se levantaría para empezar a trabajar y tú la verías descorriendo las cortinas… La ventana estaba a unos doce metros de la vía del tren, que tú mirabas encandilada pasar muchas veces al día.
Todo eso ocurría con una sonrisa tuya, la más bonita.

Publicado el Domingo 16 de Enero de 2005

El uno para el otro.

Siento de verdad no haber conservado los detalles de procedencia de este microcuento. Mil perdones a su autor/a. La ventaja es que me puedo permitir la siguiente afirmación: Si no lo escribió mi amigo Alberto, entonces simplemente debería haberlo escrito él.

Su corazón no pudo resistir ver que según sus cálculos, para no llegar tarde a la oficina tenía que haber nacido dos días antes.