Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor.

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas de la categoría ‘De viaje’


Publicado el Miércoles 16 de Mayo de 2007

Instantáneas.

Antes de que nadie lo pregunte: no, no he hecho fotos estos días. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Estás loca? ¿…? Son algunas de las respuestas de sorpresa que he obtenido hasta ahora… pero es la primera vez que lo hago en un viaje, y ha sido una decisión muy consciente. Llevaba, tan sólo, un bolígrafo y una libretita. Y me he vuelto cargada de cuentos.

Dejadme que os cuente, sin embargo, aquellos que no he escrito.

- El de la tienda de la “doctora de marionetas”, a la que le puedes llevar tus muñecos para que te los arregle.

- El del jardín de los enanos, con sus caras arrugadas, sus verrugas y sus jorobas  (eran esculturas de piedra, claro).

- El de los peces dentro de un tanque de agua, todos inmóviles y con la mirada fija en la misma dirección: un lago enorme entre montañas apenas a diez metros de distancia.

- El de un grupo de hombres en una plaza, enfrascados a todas horas en el movimiento de las piezas de madera de un ajedrez gigante.

- El de los relojes de cuco con mil y una figuras maravillosas que bailaban y se movían al marcar las horas.

- El de una enorme biblioteca universitaria a oscuras en mitad de la noche.

No, no soy de las que piensan que una imagen vale SIEMPRE más que mil palabras.

Publicado el Viernes 11 de Mayo de 2007

El viaje romantico.

Adoptando un punto de vista practico, necesitamos lo siguiente:

  • Ganas 
  • Tiempo
  • Dinero
  • Pareja (o similar, claro)

Digamos que las ganas han estado ahi siempre.

Cuando tenia pareja y un monton de tiempo libre, apenas nos llegaba el dinero para pagar el alquiler a fin de mes.

Luego nuestro nivel economico mejoro bastante, pero a cambio de semanas de siete dias de trabajo, y de meses y meses sin descansar. 

Ahora, para una vez en la vida que tengo tiempo de sobra y algo de dinero ahorrado… me falta la pareja.

Pero no, no lo sientan por mi. Estoy en ese punto en que me puedo permitir bromear acerca de ello. Y ademas, para algo estan los amigos, no?

Besos desde Salzburgo.

:)

Publicado el Miércoles 10 de Enero de 2007

En toda situación de crisis.

- El alarmista (tres segundos después del petardazo): Eso ha sido una bomba.
- El histérico: Quiero salir, quiero salir. Vamos a moriiiiiir!
- El escéptico: Si realmente hubiera pasado algo grave, ya nos habrían avisado. Yo no me muevo de aquí.
- El sabidillo: Sí, mira, ahora lo que van a hacer es llevarnos allí hasta que llegue la policía científica y luego…
- El aprovechao: ¿Mantas para los niños? ¿Dónde? (coge tu otra, para el maletero)
- El impulsivo: Allí ha tosido alguien, vamos a ver qué pasa.
- El optimista: Podría ser peor… podría llover, y nosotros aquí sin paraguas.
- El amargao: Vaya mierrrrrda vacaciones. No viajo más.
- El despistao: ¿Que ha pasado quéeee?
- El batallitas: Claro que yo ya pasé por algo parecido aquella vez que pusieron el aviso en mi pueblo tres calles más pa’llá de mi peluquero. No veas.
- El exagerao (al teléfono): Todavía me retumba el ruido de la explosión en el oído. Yo diría que han sido por lo menos dos toneladas de explosivo.
- El videoaficionado: Un poquito más a la izquierda. Ahí, que se vea bien el humo. Sonríe, mujer.
- El arrepentío: Por qué no le diría a mi vecina Paqui que la quiero, cuando tuve ocasión.
- El carajote: ¿No podría haber pasado media horita más tarde, que yo hubiese podido coger el avión?
- El místico: Estoy seguro de que esto es una señal…
- El carajote II (que también tiene algo de místico): Si aquél día no hubieses perdido la zapatilla izquierda, hoy no estaríamos aquí.
- El gafe: ¿Por qué siempre me tiene que tocar a mí?
- El frívolo: ¿Saldremos por la tele? Y yo con estos pelos.
- El guiri: Das eniguán espic inglis jiar?
- El optimista II: Menudo baño calentito me voy a dar luego en el hotel, cuando lleguemos…
- El de la conciencia intranquila: Esto me pasa por no dejarle propina al taxista.
- El despistao II (varias horas después): ¿Que ha pasado quéeee?
- El neurótico: ¿Habré apagado el termo antes de salir?
- El medio sordo: ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha dicho?
- El fotógrafo cutre: Deja de llamar que me gastas la batería y esto no se ve todos los días.
- El resignao: Bueno, otro año será.
- El que le gusta echar la culpa a los demás: Sigo diciendo que pasar el fin de año con mi tía abuela Francisca era lo mejor, pero como tú no querías…
- El religioso: Si salgo de ésta le pongo seis velas a Santa Guadalupe.
- La observadora tranquila: Esto… ¿alguien tiene papel y boli?

ETA coloca un coche bomba en el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas, que explota el día 30 de diciembre de 2006 a eso de las 9 de la mañana. Allí estaba yo, medio dormida, y esperando para embarcar en un avión para Lisboa. Tengo la SUERTE, junto a algunos miles de personas, de poder contarlo e incluso bromear acerca de lo que viví. Aún así, mi más sincero pésame a las víctimas. Estas cosas no tendrían que suceder NUNCA.

Publicado el Lunes 11 de Diciembre de 2006

Viaje de vuelta.

Un trayecto de nueve horas en un vagón de tren lleno hasta los topes. Por todos lados, caras entre tristonas y melancólicas por vacaciones que se han pasado volando, por gente que se ha dejado atrás o por la pura y simple vuelta a la rutina diaria. Muchos duermen, incluido mi compañero de viaje. Me pongo los auriculares y trato de concentrarme en la película que echan, pues por una vez he tenido suerte y no es ni mala, ni repetida.

Siento un golpecito suave en mi brazo izquierdo y me giro. Desde el otro lado del pasillo, una señora muy vieja y muy sonriente extiende hacia mí un enorme bocata de salchichón, mientras me dice con voz muy dulce: “¿quieres un poquito?”

A punto he estado de levantarme y plantarle un beso tremendo en la mejilla.

Publicado el Domingo 27 de Noviembre de 2005

Llegó la hora.

Hemos decidido que nos vamos a España. Para quedarnos.

Deseadnos suerte, por favor.

Publicado el Viernes 23 de Septiembre de 2005

A propósito…

Ayer me comí un croissant enfrente de la Torre Eiffel.

Publicado el Miércoles 10 de Agosto de 2005

Una vez en la vida.

Cuando se acude al teatro y se ve una obra especialmente buena (más aún en el caso de un monólogo), es bonito salir con la sensación de que el actor ha tenido una noche “mágica” difícil de repetir. De que ese día ha estado más inspirado que cualquier otro, y tú has estado ahí para verlo. Mala suerte para los que acudieron el día antes, o para los que acudirán el día después.

Quiero creer que eso es lo que sucedió la noche del 22 de julio en Almagro, cuando todo los espectadores del Claustro de los Dominicos, con la piel de gallina, conteníamos la respiración al compás de las palabras de El Brujo.

Publicado el Martes 15 de Marzo de 2005

De lo bueno, lo malo, y otras cuestiones serias.

La semana pasada han tenido lugar varias cosas a la vez que han provocado por mi parte una serie de planteamientos más o menos profundos. Por un lado, me leí el libro de “El Diablo y la señorita Prym”, de Paulo Coelho. Por otro, compartí una semana de viaje con el director de mi departamento que resulta ser musulmán, lo que dio lugar a muchas coversaciones refentes a la religión. Y todo ello, en un país tan pobre como Bulgaria en el que mi empresa paga ochenta céntimos por hora por el mismo trabajo que aquí en Brighton se paga a seis libras la hora. Voy a intentar resumirlos y poner un poco de orden:

¿Por qué nos resulta tan fácil ajustar nuestras escalas de valores (es decir, quedarnos con la conciencia tan tranquila) para no condenar en nombre de la religión ciertos actos que son INJUSTOS los mires por donde los mires, pero nos convienen? ¿Tan flexibles -tontos- creemos a nuestros respectivos Dioses como para no darse cuenta?

¿Por qué necesitamos creer en un “árbitro” por encima de nuestras cabezas que se dedique constantemente a juzgar nuestras acciones? ¿No será que no nos atrevemos a juzgarlas nosotros mismos por considerarnos incapaces de perdonar siempre nuestros deslices?

¿Es lo mismo obrar bien por el mero hecho de creer que es lo correcto, que hacerlo para conseguir una recompensa? ¿Y que hacerlo por miedo -terror- al castigo, ya sea en vida o después de la muerte? ¿¿Importa??

Todo lo que sé es que los que en su día inventaron la religión se me antojan, por encima de todo, unos seres bastante maquiavélicos.

Publicado el Sábado 12 de Marzo de 2005

Ni “sí” ni “no”, sino todo lo contrario.

Los búlgaros son gente curiosa: mientras que el resto de Europa mueve la cabeza en vertical para asentir y en horizontal para negar, ellos lo hacen al revés. Es posible que muchos de vosotros haya leído sobre eso alguna vez. ¿Pero hay alguien que lo haya vivido? Yo sí. Pueden darse tres situaciones distintas:

1) Que los que te hablan sean conscientes de que eres extranjera, y procuren realizar los gestos “traducidos” para que podamos entenderlos. En este caso hay poco que comentar. Las conversaciones se realizaban con bastante normalidad.

2) Que los que te hablan se olviden totalmente de tu condición de “no-búlgara”, y asienten y nieguen al revés que tú. En apenas tres días y medio esta situación ha traído más de un malentendido, algunos más divertidos que otros. En mi caso, debo aclarar que me encontraba dando un cursillo de preparación para ocho personas a la vez. Creedme, es muy frustrante explicar algo durante una hora y media, preguntar si todo el mundo lo ha entendido, y ver cómo todos “niegan” con la cabeza, sonrientes. La madre que los trajo (sin acritud).

3) Que empiecen teniendo en cuenta tu nacionalidad, a mitad de la conversación se les olvide, y a finales se vuelvan a acordar. El resultado es que se ponen a mover la cabeza en círculos como locos, y tú no te enteras absolutamente de nada. Confieso, eso sí, que en esos momentos es cuando mejor me lo pasaba.

Publicado el Sábado 12 de Marzo de 2005

Cosas de la vida.

¿En dónde acaba de abrir mi empresa una nueva sucursal?
En Bulgaria.

¿Cuál es uno de los países de Europa que nunca antes pensé en visitar?
Probablemente, Bulgaria.

Y a propósito, ¿aún se pregunta alguien dónde he estado toda la semana?
Pues en Bulgaria, claro.

Si es que no estáis atentos.