Cuentos mínimos. La bitácora de Idgie W. Mcgregor.

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Entradas de la categoría ‘Recomendaciones’


Publicado el Miércoles 6 de Febrero de 2008

Studio 60

A veces me encuentro microrrelatos donde menos me lo espero. Como este fragmento de diálogo de un episodio de Studio 60 on the Sunset Strip, la serie que he empezado a ver este fin de semana:

- Les hice reír en el ensayo cuando pedí la mantequilla en el sketch de la cena. No lo conseguí después, con el traje puesto. ¿Qué hice mal?
- Pediste que se rieran.
- ¿Y qué pedí en el ensayo?
- Pediste mantequilla.

Hum… ¿qué título le ponemos?

Publicado el Martes 14 de Agosto de 2007

Nostalgia.

Me acuerdo muy bien de que en nuestra sexta cita pasamos por una etapa imprescindible. Nos contamos mutuamente nuestra vida, sin olvidarnos de las coincidencias, las confesiones, las aspiraciones, los arrepentimientos, los deseos con una solemnidad un tanto ñoña, pero necesaria; anécdotas algo retocadas, confidencias inútiles, pero que, sin embargo, proporcionan pistas para entender cómo cada uno de los dos ha llegado a ser lo que es. Marie intentó brindarme el retrato más negro que pudo de sí misma, como si quisiera desanimarme. Todos los enamorados hacen lo mismo. Así que yo hice otro tanto, claro.

La máquina de triturar niñas, de Tonino Benacquista.

Publicado el Domingo 24 de Junio de 2007

Leer.

Hace unos días me topé, por pura casualidad, con un librito de “teatro mínimo”. Tengo una habilidad especial, que me encanta, para encontrar libros raros (auténticas joyas) sin proponérmelo. Es casi místico: me pongo delante de una estantería de cualquier librería y sólo tengo que dejar que mis dedos señalen un punto cualquiera. Diría, incluso, que son los libros los que en ese momento me ven llegar y me encuentran a mí.

A lo que iba. Este libro en cuestión recoge cinco obras de las cuales una me ha dejado especialmente marcada. Tiene apenas cinco páginas, pero me voy a permitir copiar algunos fragmentos sueltos:

JORGE: Ese libro. ¿Me lo presta? … Sólo por unas horas… Sólo una hora.

LUIS: No podrá leerlo en una hora.

JORGE: En menos de una hora lo tendrá de vuelta en su pupitre.

[…]

LUIS: Mire, no puedo ayudarle. Incluso aunque fuese usted capaz de leer este libro en un cuarto de hora. Le aseguro que no es nada personal. Simplemente, no me gusta interrumpir una lectura. De la primera palabra hasta la última, es así como me gusta leer. Pero le prometo que, en cuanto lo haya acabado, antes de devolvérselo al bibliotecario, le avisaré a usted, a fin de que nadie se le adelante.

JORGE: ¿Se está burlando? Lo he visto leer. Aún está en la primera página, después de veinte años. ¿Cuántos más necesitará sólo para acabar el primer capítulo?

[…]

LUIS: Hay miles de libros en la Biblioteca Nacional, ¿por qué se ha encaprichado precisamente de éste? No irá a decirme que ya ha leído todos los demás.

JORGE: Sí.

LUIS: ¿Sí?

JORGE: Éste es el último que me falta. El resto, los he leído todos.

LUIS: Supongo que dice la verdad. Lo he visto leer. Lo confieso: sabía que llegaría este momento. Lo aguardaba con temor.

[…]

LUIS: ¿Ha comprobado que no hay otro ejemplar?

JORGE: Usted sabe que no hay otro ejemplar. ¿Cómo podría haberlo, de un libro así?

[…]

JORGE: Parece que vamos a tener que solucionar esto solos.

LUIS: Si es así, hablemos con franqueza: usted está perdiendo el tiempo en este lugar. Ahí fuera hay sol o lluvia, el tipo de cosas que interesan a la gente como usted.

JORGE: ¿Sol? ¿Lluvia?

LUIS: Se lo diré claramente: usted no se merece este libro. Usted no es hombre para este libro. Para usted todos los libros son iguales. Igual leer el Corán que un recetario de cocina. Igual se traga un Chesterton que una novelucha de quiosco. Igual un Adolfo Bioy que un Ernesto Sábato. Usted lee con el estómago.

JORGE: Todos los libros que he leído son para mí el prólogo de éste.

LUIS: No consentiré que ponga sus sucias manos sobre él.

JORGE: Entonces, no es posible un acuerdo.

LUIS: Mejor no perder más tiempo.

JORGE: ¿No podríamos solucionar esto de otra manera?

LUIS: No perdamos más tiempo.

(Comienzan a golpearse.)

El título de la obra es BRGS, y forma parte de un pequeño libro llamado Teatro para minutos, de Juan Mayorgas. Fue publicado por Ñaque Editora en el año 2001. Cuesta tres euritos de nada. Por favor, búsquenlo.

Publicado el Martes 19 de Junio de 2007

Teatro abandonado.

Hoy me toca devolver la presentación y el homenaje (mínimo), que espero que a estas horas ya no se esté esperando. El señor Alberto Haj-Saleh, también conocido como Fanshawe por estos lares, estrena hoy columna en Libro de Notas.

Entre sus muchas peculiaridades citaría, quizá, el hecho de que nunca estoy del todo segura de cómo se deletrean ninguno de sus nombres (bueno, ‘Alberto’, sí), la capacidad que tiene, cuando quiere, de ponernos a todos los vellos de punta con lo que escribe y que es el CULPABLE de que yo empezara a escribir microrrelatos. Todo por un extraño cuento de australianos desnudos.

Teatro abandonado es microteatro con un antes y un después desaparecidos. Hoy se estrena con Intervalos regulares.

Qué hacen leyendo aquí todavía.

Publicado el Miércoles 6 de Junio de 2007

La carga, de Jeanette Winterson (2005)

La carga, de Jeanette Winterson

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Publicado el Jueves 24 de Mayo de 2007

El Gran Teatro del Mundo, de Calderón de la Barca (¿1630? ¿1635?)

El Gran Teatro del Mundo, de Pedro Calderón de la Barca.

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Publicado el Jueves 17 de Mayo de 2007

Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb (2005)

Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb.

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Publicado el Miércoles 14 de Junio de 2006

Yo tampoco hago memes (pero también me gusta saltarme mis propias reglas).

Los Cuentos de Shelley Duvall porque no trataban a los niños como si fuésemos tontos.

Friends por miles de motivos, pero sobre todo por Mónica y por Phoebe (bueno, por Mónica, más).

Malcolm por el humor surrealista.

Los Simpsons porque los echaban en La 2, por la noche, y mi hermana y yo los veíamos a escondidas de mis padres desde detrás de la puerta.

La primera temporada de Twin Peaks por Bob y por el enano bailarín.

Capítulos sueltos de La Dimensión Desconocida, Más allá del Límite y Alfred Hitchcock Presenta… (los puntos suspensivos van incluidos en el título :-p)

Los 4400 por el final tan bueno de la segunda temporada.

Carnivale por la estética.

House hasta que el doctor se pasó de la raya.

Ellen por reírse de todos, empezando por ella misma.

Buffy por más de un episodio (y mas de dos) que superó mis expectativas.

South Park, supongo. Por bestia.

Los primeros catorce o quince episodios de Desperate Housewives.

Xena por gamberra.

Las chicas de Oro, Aquellos maravillosos años, Luz de Luna, Remington Steele, Willy Fogg, Los caballeros del Zodíaco, Kung Fu, La vida es así, Padres forzosos, y unas pocas más, por formar parte de mi infancia.

Cuando Lotte perdió el ombligo porque nadie se acuerda de ella.

Una de unos niños que se comunicaban a distancia y que tenían poderes o veían hologramas o que sé yo. Ni idea del título.

La Princesita porque… bueno, porque sí.

Si alguien se pregunta todavía a qué viene todo esto, la culpa la tiene Alberto. Estoy segura de que él me deja responder al meme como me dé la gana, y pasárselo a todo aquél que al leer esto tenga puesta una camiseta naranja.

PD: Aprovecho para deciros que me voy de vacaciones unos diítas, cosa que se va a repetir de forma bastante caótica (aunque espero que a menudo) a lo largo de este verano.

EDITO para añadir dos series que no podían faltar: El mundo de Buster (igual de rara que la de Lotte) y, por supuesto, El pequeño vampiro, que daría lo que fuese por volver a ver.

Para más información sobre las series raras que cito, mirad lo que he encontrado.

Publicado el Domingo 4 de Junio de 2006

Casi nunca leo poesía.

Creo que no lo hago de forma premeditada. O quizá sí. El caso es que hoy me ha alegrado la noche encontrarme con esto:

CONFLICTO DE PERSONALIDAD
(de Juan José Téllez Rubio)

Si un doble mío penetrara en su cuarto
y lamiéndole el cuerpo con el mimo
sumiso del esclavo, le sacara
de algunas de sus frecuentes pesadillas.
Si le invitase entonces a un viaje secreto
por muslos y por labios, laberintos
de piel que una mano diestra
registre en la noche, suavemente.
Si entre usted y yo, a estas alturas,
hubiera saliva o rumor de matorrales,
la íntima humedad con que el rocío del gozo
va untando a aquellos que no duermen.
Si fuésemos reptiles, si transfigurásemos
el río de las horas en un burdel de gestos
y el alba sólo fuera un relámpago importuno.
Si mi sosias penetrase por su hendidura estrecha
y el vello nos sumiera en un deleite súbito.
Si tensáramos sus músculos como el hilo de un arco
que habrá de dispararse contra la carne contraria.
Quizá-quizá, si todo esto ocurriera
y yo la encuentre mañana en los grandes almacenes,
mirándome a los ojos distraída diría
su cara, caballero, no sé, me suena mucho.

(Extraído del librito Las causas perdidas, VI Premio Aljabibe de Poesía; publicado por Endymion.)

Publicado el Domingo 16 de Abril de 2006

Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza.

Y no, no es una frase mía (por más que me gustaría). Se trata del título de un cuento de Fernando Sorrentino que leí hace la tira de años y que llevo esa misma cantidad de tiempo buscando como loca. Hoy, por un cúmulo de casualidades, he descubierto el nombre de su autor y por ahí he conseguido volver a encontrarlo.

A modo de introducción, sólo puedo añadir que es uno de esos cuentos que me encantaría que se me hubieran ocurrido a mí. (suspiro). Y que ejemplifica todo lo que para mí debe ser un cuento corto. He aquí el principio:

Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza. Justamente hoy se cumplen cinco años desde el día en que empezó a pegarme con el paraguas en la cabeza. En los primeros tiempos no podía soportarlo; ahora estoy habituado.

Es un poco largo para trasncribirlo aquí entero (algo más de una página), así que si os habéis quedado con las ganas, podéis encontrar el cuento completo aquí.