Acababa de narcer, lo cual, y dadas las circunstancias, no le hacía ninguna gracia. Por la noche, mientras todos dormína, trepó desde la cuna y volvió a meterse en la barriga de la que había salido.
Todo fue marcha atrás durante una temporada. Transcurridos nueve meses, su padre le dijo a su madre: «Tomamos la última copa en mi casa?» Y esta vez, ella le contestó: «No, gracias». Nunca le había gustado aquel tipo.

