El hijo del archimillonario fabricante de alfombras Mohammed Abdul Haj-Salej no quería dejar la casa en la que se había criado para ir a estudiar a un país extranjero, tal y como estaba planeado. Piedra por piedra, casa por casa, y habitante por habitante del condado de Berkshire fueron trasladados al sur de Siria, muy cerca de Damasco. La única persona que no se dejó engatusar por el dinero de Abdul fue la señorita Idgie W. McGregor, a quien las comidas “exóticas”, según sus propias palabras, no sentaban nada bien.

One Response to “Dinero”

  1. arrumacos Says:

    ¡Excelente! Ojalá tu libro llegara a México.