El alpinista, agotado por el esfuerzo, contempla el paisaje infinito desde lo más alto de la montaña. En un descuido imperdonable, su pie derecho resbala y comienza a caer hacia abajo sin control. Todo ha sucedido demasiado deprisa para que los demás puedan ayudarlo. Mientras cae, se pone triste, muy triste. No por lo que está a punto de sucederle, sino por todas las personas que deja atrás, y por todas las cosas pendientes para las que aún no ha tenido tiempo. Piensa en Pamela, su mujer; en sus amigos; en Kathy, su primera novia. Y, justo al final, se acuerda del olor a leña del patio de sus abuelos, y ve a su madre que se acerca para ofrecerle un bizcocho recién hecho, y a su padre que lo sostiene con brazos firmes para bajarlo de sus hombros, porque ya está bien de juegos que es la hora de merendar.

Este cuento pretende ser un (descarado) homenaje a «La montaña», de Enrique Anderson Imbert, que es uno de mis microrrelatos favoritos. Dice así:

El niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas. Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.
-¡Papá, papá! -llamó a punto de llorar.
Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.
-¡Papá, papá!
El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.

15 Responses to “La montaña”

  1. Oyros Says:

    Tiene gracia el doble juego :)

  2. Yhebra Says:

    Me encanta cómo complementa al primer microrrelato, y cómo resuelve la angustia del primer final. Muy emotivo, muy bonito, me encanta :)

  3. lunática Says:

    Me encantó! Me gusta la idea de darle la vuelta al primer cuento… Parece que así tuviese más sentido todavía…
    Saludos!

  4. ladydark Says:

    ¡Qué estupenda imaginación! Y cuanta envidia me da… (que seguro que no es sana). Precioso el juego literario Idgie.

  5. The_passenger Says:

    Así es la vida, dulce.
    Uno primero sube, trepándose por el cuerpo de su padre. Cuando llega a la cima empieza a bajar, con descuido o sin él. Finalmente se vuelve a encontrar, como al principio, con las manos de su madre y de su padre. Y entonces piensa : ¿Qué fué todo esto?
    Muy bueno, lo disfruté mucho.

  6. Idgie W. McGregor Says:

    Muchísimas gracias, me alegro de que les haya gustado.

    Esto no fue más que un arranque. Me acordé del cuento, de la sensación tan triste y angustiosa del final, y sentí la necesidad de paliarla de algún modo. Así nos quedamos todos más tranquilos, ¿verdad?

    :)

  7. lunática Says:

    Querida Idgi, estoy de acuerdo contigo en que el camino recorrido es muy importante, pero a mi entender, es tan importante el final como el recorrido.
    Hablando, por ejemplo, de un relato, por muy bueno que sea el final, si el contenido es mediocre el relato es insalvable; pero al contrario ocurre lo mismo, si el nudo es bueno pero el desenlace no lo es, el relato, para mí, también es insalvable…
    Cuando hablo de la importancia de los finales (en mi blog) me refiero, sobre todo, a los casos en que una buena historia en apariencia (real o ficticia, literaria o de la vida) parece perder su sentido cuando un final desatinado la estropea.
    Pero es cierto que un final, por bueno que sea, no justifica nunca un mal recorrido.
    Saludos!

  8. Carboanion Says:

    Yo justifico mejor un buen final que salve quinientas páginas mediocres que no una maravilla que se disuelva en la nada… Si el nudo ha de llevar a semejante desenlace, podrá estar mejor o peor escrito, ser más o menos aburrido, pero es lo que sostiene y conlleva a dicho final apoteósico. Sin embargo, para mí, un libro bueno con un final cutre es lo más decepcionante de este mundo :S

  9. Perseo Says:

    Muy bonito, realmente muy bonito…

  10. Oyros Says:

    Alguien dijo una vez que la películas de «Shalamayan» (el director del Sexto sentido) eran como una pompa de jabón. A lo largo de la narración se va llenando de aire y, cuando llega al final, explota. Lo que suele ocurrir es que la gente se queda con el final y acaba diciendo ‘pues no está mal, la película esta’.

    Sin embargo, sus películas tienen un problema muy gordo: no admiten una revisión. La segunda vez que intentas verla, puesto que ya conoces el final, la pompa no se hincha y, si no te entretienes en otras cosas, como por ejemplo ver todas las pistas que el director te ha dejado para que adivines el final, la historia en sí misma no tiene ninguna emoción y se puede hacer hasta pesada.

    Quiero decir con esto que es muy importante el equilibrio entre desarrollo y final, sin olvidar uno para centrarte en el otro.

    Las buenas historias son las que SIEMPRE te están emocionando.

  11. lunática Says:

    Eso es, Oyros, estoy de acuerdo contigo. Ha de haber un equilibrio, una fuerza constante en una historia para que tenga sentido!

  12. Mangamoncio Says:

    En una historia, todo debe ir in crescendo hasta llegar al clímax, la apoteosis final.

  13. Idgie W. McGregor Says:

    De acuerdo con lo del equilibrio, por supuesto. Pero sigo pensando que se sobrevalora el final sorpresa, o más bien que se malinterpreta lo del «final apoteósico».

    Yo creo que todos coincidimos en que cuando la historia es buena, un final aún mejor es la guinda del pastel. Ahora bien, yo hablaba en todo momento de historias que no tienen ni pies ni cabeza, y cuyo único objeto es llegar o prepararte para ese final. No me gustan, más que nada, porque es más que probable que me aburra a medio camino y no llegue nunca a ese clímax redentor.

    ¿Que un final malo estropea una buena historia? Por supuesto. Decepciona, demuestra que el autor no ha sabido qué hacer con todo el tinglado que montó. Pero oye, ahí te ha tenido atrapado hasta el final.

    Ahora bien, yo no iba exactamente por ahí. Trataba de hacer un alegato más bien en defensa de los «principios apoteósicos» en contraposición a los finales. Porque me encanta que un libro me enganche en una primera página, o que un cuento lo haga en sólo una línea. Así es como uno se asegura un lector.

    Aplicado al mundo de los microrrelatos (hablo como consumidora insaciable de cuentos mínimos), he podido observar miles de veces esto de lo que estoy hablando: hay muchos escritores que sólo los entienden como textos con finales sorpresa, como si por su brevedad no dieran para otra cosa. Cuando uno lee una antología (o varias) de microcuentos con 300 de ellos, y llega el punto en que aquellos de más de una página te parecen «largos», llegan a convertirse en algo monótono. Quieres que te sorprendan, sí, pero los esquemas tradicionales empiezan a quedarse un poco obsoletos.

    Y ahora es cuando, ya que estamos, me mojo del todo: para mí un microrrelato tiene que partir de una «chispa», y cada vez agradezco más que aparezca lo antes posible en la narración. Es difícil (aunque no imposible) que un cuento tan corto con un principio arrollador termine dejando un mal sabor de boca, porque mientras lo leemos aún tenemos muy vivo en nuestra cabeza ese principio.

  14. fonita Says:

    ps es muy bonitillo ese mensajillo jijiji bien :-) muy bueno

  15. fonita Says:

    :)
    :)
    :)
    :)
    :)
    :)
    :)
    :)

    bien hecho

    jijijiji