Cuentos mínimos

Lo bueno, si breve… dos veces breve.

Martes 4 de Septiembre

Backstage.

Por favor, léanme este (humilde) cuento.

La frustración de un pintor

El gran artista Nicolai Petrovski se echó a llorar como un niño al comprobar que el cuadro que acababa de pintar era una falsificación. Y bastante torpe, por cierto. Hasta un ciego se daría cuenta de que aquello no era un auténtico Petrovski.

Es posible que no sea gran cosa (vaya, a mí me gusta), pero el caso es que con él recibí un accésit pequeñito hace unos meses del que estoy más que orgullosa. A lo que voy: el relato es lo que es. Déjenme contar… 48 palabras con título incluidoy  sin demasiadas pretensiones, que en su día garabateé en un post-it de la oficina. ¿Hay algo que les llame la atención? ¿Que les eche especialmente para atrás? ¿Algún detalle que pudiese cambiarse para mejorar radicalmente la calidad? ¿Que me habría podido costar el Nobel de Literatura?

Por lo visto, al jurado sí que se lo pareció. Días antes de la publicación del fallo oficial, recibí una llamada secreta con un consejo: cambie usted la expresión “llorar como un niño”. Que es una frase hecha, que está muy vista. Ponga un “con desconsuelo”, o un “desconsoladamente”. El jurado tendrá en cuenta su gesto.

Me vinieron a la cabeza bastantes réplicas. Sí, en mis cuentos hay muchas frases hechas que uso adrede, entre otras cosas, por su calidad de frases hechas (obvio). Siempre intento ser lo más concisa y sencilla posible. Me gustan las expresiones simples. Trato de huir de las palabras rimbombantes (”desconsuelo… puaj”). Y si hay algo que puedo odiar como pocas cosas es meter una palabra que sea casi más larga ella sola que el resto del cuento (”desconsoladamente”… puaj, puaj).

En fin, que no soy ninguna heroína. Lo cambié, por supuesto, que al fin y al cabo pagaban ellos. Y ni esto es una denuncia, ni les guardo rencor, ni me lo tomo con otra cosa que no sea con sentido del humor. Pero ¿soy la única que piensa que todo esto resultó bastante… tonto?

Martes 4 de Septiembre

Gracias.

A todos los que se han tomado la molestia de contestar a la entrada anterior. Sé que no deja de ser un post como cualquier otro… pero lo escribí en unas circunstancias personales especiales, y quizá por eso me ha causado más alegría de lo normal.

Lo dicho: gracias a todos.

:)

Sábado 1 de Septiembre

Día del blog.

Aprovecho para poner palabras a algo que me ronda en la cabeza últimamente: es cierto que me encanta el mundo del blog como oportunidad para leer y conocer a personas con las que de otra manera no me habría cruzado nunca. Creo que podría englobar todos los blogs que leo (cada vez son más) en tres grupos que no se excluyen necesariamente: gente que me hace pensar, que cuenta buenas historias (divertidas, entretenidas, o sencillamente bien escritas), y blogs en los que me enseñan cosas que no sé.

Ahora bien, cada vez más tengo la sensación de que un blog es un escaparate de una tienda en la que, en el fondo, no vas a llegar a entrar nunca. Si te gusta, pasas más veces por delante, o le dices a la gente cómo llegar allí, pero poco más.

A veces me entran ganas de llamar a una de esas puertas y ponerme a charlar con alguien a quien no conozco de nada. Porque me parece interesante, ingenioso, divertido. En fin, por lo que sea; me apetece sin más. No hablo de un simple comentario, que no deja de estar sometido a un post o tema concreto, sino a conocer a esa persona, y a hablar de cualquier cosa.

De algún modo siento que aquí, como en la realidad, también existen unas reglas de comportamiento no escritas. También hay una burbuja personal que se respeta tácitamente, un hielo que tarda en romperse del todo. Ponemos mucho de nosotros mismos en nuestros escaparates, hay quien los llama “sus casas”. Nos encantan que nos visiten, y, sin embargo, a menudo cuando entramos sólo encontramos los muebles, no a la persona que hay detrás. Colarte en determinados blogs para dar una opinión más allá del políticamente correcto “hola, pasaba por aquí, me gusta tu página” parece casi una intromisión. Como si hubiera que seguir unos pasos de aproximación previos. Vaya, como quien tiene por norma no hablar con desconocidos, o no irse a la cama nunca en la primera cita.

Algo me dice, sin embargo, que todo esto no es más que una cuestión de contextos. Ligar con una chica en la barra de un bar está bien. Si en un autobús invitas a alguien a tomar café eres raro, estás desesperado, como una chota, o eres un maníaco sexual. De la misma manera, el Messenger, o cualquier chat de IRC fomentan el intercambio, la confidencia, intimar en apenas media hora con alguien que no conocías de nada. Pero el blog, aun con sus comentarios abiertos, y sus emails de contactos, son lugares estáticos. Santuarios que no profanamos por apatía, pereza o, en el peor de los casos, por timidez.

Me pregunto: ¿Es lo que queremos? ¿No hacemos esto, precisamente, porque buscamos compartir un trocito de nosotros con los demás? Y sobre todo: ¿Tiene sentido algo de lo que he dicho?

(PD: Por favor, no me pasen de largo por este post…)

Miércoles 22 de Agosto

Escribir.

En un SMS que, debido a su longitud, he tardado cuatro días en recibir, C. me escribe lo siguiente:

El físico Leo Szilard anunció una vez a su amigo, Hans Bethe, que estaba pensando en escribir un diario: “No me propongo publicarlo. Me limitaré a registrar los hechos para que Dios se informe.” “¿Tú crees que Dios no conoce los hechos”, preguntó Bethe. “Sí”, dijo Szilard, “Él conoce los hechos, pero no conoce esta versión de los hechos”.

Taming the atom, de Hans Christian von Baeyer.

Seguido, por supuesto, de un filosófico, profundo y preciso: “¿A que mola?”

He aquí mi respuesta: mucho. Me encanta la idea de que cada uno escribamos versiones de historias que están ahí, a la vista de todo el mundo. Al fin y al cabo, de eso va todo este rollo de la escritura, ¿no?

Sábado 18 de Agosto

Devolución.

Tercer cuento de agosto en Libro de Notas.

Devolución

Mire usted, aquí se lo traigo bien embaladito y con su envoltorio original. No niego que la mayoría de las cosas salen bien. La cómoda, el perchero, el armario, la ventana… Pero tiene que haber algo malo en este espejo. No puedo ser tan feo.

Viernes 17 de Agosto

Venganza.

Segundo cuento de agosto en Libro de Notas.

Venganza

A él debió parecerle muy divertido eso de venir disfrazado de tirolesa el día de nuestra boda, aunque a mí no me hizo ninguna gracia. Lo perdoné porque éramos jóvenes, alocados y nos queríamos mucho. Ahora le escondo la dentadura postiza todos los fines de semana y las fiestas de guardar. Qué le voy a hacer, rencorosilla que es una.

Jueves 16 de Agosto

S.O.S. (Metacuento malvado)

Primer cuento de agosto en Libro de Notas. Como dije hace poco: menos Idgie que nunca.

S.O.S. (Metacuento malvado)

Todo autor de microrrelatos tiene algún “metacuento”, es decir, uno que habla de escritores escribiendo, o de cuentos que dejan de serlo, o de Literatura con mayúscula. Con guiños chispeantes (permítanme remarcarles mi ironía) que sólo otros como ellos serán capaces de captar, y que dejarán absolutamente indiferente al resto de los lectores. En resumen, cuentos pedantes dirigidos a una minoría pedante.

Como hay muchos de estos cuentos, y (reconozcámoslo) el tema tampoco da para tanto, van perdiendo originalidad a medida que se reescriben. Por lo general carecen de interés, de acción y de un final sorpresivo más allá del escritor que se escribe a sí mismo. Plas, plas, plas (esta vez habrán notado por sí solos lo forzado de mi aplauso).

Todo esto es lo que yo le digo, entre patadas, al que escribe los cuentos por mí. Le dejo muy claro que si no quiere que vuelva a orinarme en su comida o a tener que alimentarse de cucarachas durante otra semana, mi cuento tiene que ser mucho mejor que los de los demás. Él me asegura que hará todo lo que pueda y, mientras, piensa para sí que ésta es su oportunidad para pedir ayuda (sabe que me he vuelto tan descuidada que hace tiempo que ni siquiera leo lo que me da para publicar). Luego salgo de allí ligeramente contrariada, como siempre, por la pestilencia de la mazmorra asquerosa en la que vive.

Martes 14 de Agosto

Nostalgia.

Me acuerdo muy bien de que en nuestra sexta cita pasamos por una etapa imprescindible. Nos contamos mutuamente nuestra vida, sin olvidarnos de las coincidencias, las confesiones, las aspiraciones, los arrepentimientos, los deseos con una solemnidad un tanto ñoña, pero necesaria; anécdotas algo retocadas, confidencias inútiles, pero que, sin embargo, proporcionan pistas para entender cómo cada uno de los dos ha llegado a ser lo que es. Marie intentó brindarme el retrato más negro que pudo de sí misma, como si quisiera desanimarme. Todos los enamorados hacen lo mismo. Así que yo hice otro tanto, claro.

La máquina de triturar niñas, de Tonino Benacquista.

Lunes 6 de Agosto

24: “Otro” final alternativo.

Aquí les dejo otra prueba más de que no siempre soy Idgie. A este paso voy a destrozar mi reputación, lo sé. Pero es que acabo de terminar la primera temporada de la serie, y sencillamente no lo he podido evitar. Entiendo que pueda tener poca gracia para los que no la conozcan, pero es lo que hay.

Gag tonto de 24.

PD: Qué ganas de ver la continuación…

Miércoles 18 de Julio

Decepción.

Tercer y último cuento de julio en Libro de Notas.

Decepción

Que no me aceptan en el equipo de baloncesto, dicen, porque soy un árbol.

No acabo de comprenderlo. Tengo buena puntería, siempre juego limpio, soy el que corre más rápido y el que salta más alto.

¿Qué tiene de malo si, además, doy unas cerezas riquísimas?